viernes, 10 de febrero de 2017

Bailarines

Son dos bailarines que han decidido salir de su caja de música y vivir una historia real. Han dejado la quietud de su vieja casa de madera para mostrar al mundo que tras cuatro minutos de mágicos acordes de piano, existen dos amantes de alto rendimiento que llevan toda una vida cumpliendo sus sueños, bailar y mirarse. 
Han dejado de girar sobre sí mismos para pisar el hielo juntos. Se acompañan en todo momento, ocupan todo el espacio que anhelaban. En ocasiones es él quien la lleva a ella. Otras veces, ella lo coge a él de la mano y le muestra el camino. También se sueltan y cada uno vuela por sí solo, pero nunca pierden el ritmo que los devuelve al contacto. Se tocan con la delicadeza con la que se trata la porcelana. Se balancean como ligeros habitantes de los campos de algodón. Dialogan con sus cuerpos, se protegen. Cuando todo quema bajo sus pies, ellos afilan sus cuchillas retando al fuego, y deslizan todo lo que han conseguido hasta el momento. Y lo hacen con la elegancia de un anuncio de perfume. Como si para ellos la gravedad fuese relativa. Sin el mínimo reflejo de rendición. Viven en una burbuja, ajenos a lo que diga Trump y sus secuaces. Ajenos a las miles de miradas que puedan estar envidiando su leyenda. 
Saben que su lugar se encuentra en esa pompa de jabón transparente. Sincronizan cada objetivo, cada pensamiento. Y aunque no sea el mismo, ellos estudian como adaptarlos a cada uno de sus pasos. Porque su única pretensión es sentirse, y esta es la evidencia de toda una vida llena de esfuerzos, caídas,roturas,lágrimas,aprendizaje,caricias,sexo,carcajadas, felicidad y amor,sobretodo, amor. Ellos demuestran que, unidos, todo se supera. Que cuando no estás conforme con el lugar en donde te encierras, uno ha de revelarse, sin miedo al miedo, a equivocarse. Porque siempre habrá alguien apoyándote. Demuestran que pase lo que pase, siempre habrá quien esté dispuesto a bailar contigo. Ellos han dejado atrás su vieja caja de música, pero siguen bailando y maravillando al cosmos. Su historia es tan real como la de cada uno de nosotros, todas terminan con la dulzura de un abrazo que nos recuerda que ha valido la pena. 


sábado, 4 de febrero de 2017

Las chicas del montón

Son de esas chicas que miran con urgencia y agachan la mirada, te han visto de sobra y sobran las palabras. No necesitan subirse a quince centímetros de fantasía para lucir todo su encanto. No recortan etiquetas que hacen corto el pantalón, ni miran tallas que ajusten y levanten su estado de ánimo. No lo necesitan, ellas se quieren. Son chicas sencillas por fuera y perfectas por dentro, sin núcleos ni epicentro ante las babas y el clamor de animales salvajes buscando procreación. Son de esas mujeres a las que no puedes dejar de mirar a la cara, porque les queda bien cualquier lunar, o porque parece que han nacido con ese anillo en la nariz que reafirma su compromiso con la belleza. De esas que llevan gorro y enormes mantas en el cuello que esconden la delicadeza de su piel y la fortaleza de su espíritu. De esas que desatan aire y hacen que respires bajo la nube más negra. Ellas son sus propias dueñas, y tu mejor compañía.

Las chicas del montón son de esas mujeres que sueñan despiertas con un país de justicia y de libertad. De esas que desdibujan fronteras, que nunca dan la espalda a la razón y, aunque se encuentren desorientadas, su imaginación las lleva a donde quieran llegar. De esas que superan cualquier tormenta. Para las que la lluvia no es ningún impedimento, que sobreviven a cualquier monzón que se les presente en su puerta. Son ellas las que tienen la última palabra, las que besarán al último ser humano que quede en la tierra. Ellas tienen el verdadero poder. No son espejismos, existen aunque se oculten, aunque no se muestren tal y como son. Pero cuando lo hacen....cuando lo hacen todo empieza de nuevo. En ese momento en el que miras más allá de sus ojos, nace el recuerdo número uno, sobre el que descansarán todos los datos que ocuparán tu memoria. Ellas no te tocan, eso lo hace cualquiera. Ellas te acarician el alma. Se convierten en la protagonista de la almohada sobre la que piensas cada noche. Con ellas haces el amor, también puedes follar, en su cama todo tiene sentido. Y no han hecho nada, sin empeños ni derroches te hipnotizan.     

Yo creo en las chicas del montón, porque pertenecen a ese montón de chicas que merece la pena conocer. El mundo necesita a estas mujeres, madres, amigas, empresarias, luchadoras, compañeras del montón. Cómo íbamos si no a valorar lo que realmente importa. Yo no me imagino sin vosotras, porque sois el reflejo de la verdad. Debéis ser vosotras las que reinen el mundo al igual que reináis mi mente. Salid de vuestro escondite y despertarnos a todos, tenéis que salvarnos. Yo creo en las chicas del montón, porque sí, porque conozco a alguna mujer así, y sé como son. Ellas son todo lo que necesitamos, porque ellas no atraen miradas, sino corazones.  


domingo, 29 de enero de 2017

Disfraces

Qué buscas? me pregunta. Y yo allí, sin salvavidas, con la boca medio llena, sin saber qué responder. Qué buscas? me repite. Y yo allí, sin avalista, ante mí, ante todos, apunto de decir "a alguien como ella". Apenas se imagina como soy, no intuye más que algún atisbo de insatisfacción. Sospechas infundadas en un par de lecturas, en alguna que otra fiesta de disfraces. Como casi siempre hago, como casi siempre hice, por miedo al rechazo, por esquivar halagos tristes. 

Alquilé un agujero en la piel de por vida, gomina a gran escala y vestidos de macarra. Tinte en las ventanas, sinceridad a contraluz y un sinfín de sin razones para no tragar el humo. Mi coco me engaña derrochando simpatía, todavía era febrero y nada me valía. Calmo mis ideas, compro una Custom con el tiempo perdido acumulado, y desempolvo un traje de guaperas que guardaba en posibles. Pronto bajé a la tierra y topé con ella y su equilibrio. Allí me desnudé a pesar del frío, guardé el antifaz y olvidé mis cicatrices. Más tarde me involucré en mi interior, mi tacto movió la cuerda y besé el hielo. Empecé a cogerle el gusto a esto del miedo, al desconsuelo. Y ahora? Quién coño soy ahora? 

Ahora soy uno menos de tantos. Una vez acompasado, otra vez acomplejado, otra vez acojonado, pero siempre acompañado por mis viejas experiencias. Voy una y otra vez, de fiesta en fiesta, de cuesta en cuesta, de piedra en piedra, de golpe en golpe. Y entre tanto un pequeño descanso, un remanso de paz. Todo se reduce a un camino sin señales ni destino, a una cuenta atrás que sigue hacia delante. Todo se somete a un carnaval constante. Qué buscas? me pregunta. Y yo allí, sin bandera ni estandarte. Sin padrino. Con la máscara en el suelo y sin poder asegurarle que la respuesta más acertada sería: no intentes encontrarme, me busco a mí mismo.



jueves, 12 de enero de 2017

Entre líneas y latidos

Ven, puedes pasar, la puerta está entreabierta. Acércate, no como a nadie, solo me torturo a mí mismo. No puedo prometerte nada, solo espero que traigas aire limpio, renovado. A cambio seré amable, te ofrezco lo poco que puedo darte, sábanas limpias y calor humano. Tengo que decirte que estoy en un buen lío, no podré ir más lejos y las distancias cortas tampoco son lo mío. 

Ven, puedes entrar, he sacado el cerrojo. Pero te advierto, puede que no sea quien esperas. En realidad soy un fraude. El permiso de residencia de este cuerpo ha caducado, en mi exilio ella era mi próximo destino. Y ahora, que estoy al otro lado de su línea divisoria, ya solo pretendo llegar a algún lugar, cualquiera que sea, en el que llueva, con mar. Salir de este limbo existencial que borra los puntos del mapa que nos separa, dejar de vagar por las calles de este mundo sin pena ni gloria.

Ven, puedes pasar, veo tu sombra detrás de la puerta. Irrumpe, ayúdame a abrazar esta cama vacía y distrae este sofoco. Mi abanico de soltero no ventila con suficiente fuerza como para refrescarme las ideas. Tengo recuerdos cosidos a esta jaula de cemento, tengo en mis memorias cientos de horas de su vida. Imposible borrar de mi mente los zapatos que lucía el primer día. Tengo una mesa sin calendario. Cartas como esta, escritas sin fecha, esperando a ser cifradas. Esperando un nuevo punto de partida que deje de anhelar una segunda oportunidad para continuar con la primera. 

Ven, puedes entrar, adéntrate aunque esté a oscuras. No importa lo que hayas oído de mí, no importa lo que yo te haya dicho. Es más, no importa lo que estás leyendo aquí. Pero te confieso que a veces me imagino volar sobre su edificio. Espero a verla salir, asegurarme de que sonríe, aunque sea con otro. Me declaro seguidor de sus redes sociales, me declaro cobarde, me declaro culpable. Cometer aquel delito, mi mayor acierto. Fue un robo en toda regla el de aquel beso. Hoy he de pagar por ello. Continúo agravado por el dolo, y admito que tenía intención de quedarme para siempre. Admito que lo volvería a hacer, volvería a ser un preso reincidente. Pues allí la encontré, de casualidad, un día cualquiera en  la ciudad antigua de Compostela, entre los límites de la dignidad y la belleza. 

Ven, puedes entrar, solo quiero que sepas que así vivo. Quiero que sepas que sigo pensando en ella porque es aquí donde la miro, donde nos reencontramos, entre líneas y latidos. 

                                         

lunes, 9 de enero de 2017

Rebájate a vivir

Llegas a casa, repleta de complacencia. Rebosan bolsas, tienes la cabeza cargada de outfits casual para disparar tu atracción. Preparas tu modelo de vida para hoy y antes de que se vaya el sol te enfundas con todos tus miedos. Maquillas cada inseguridad hasta resultar irreconocible y, ahora que te crees invencible, sales con tu iphone visible y preparado para llamar la atención. 

Con la intención de encontrar un amante en cada semáforo, esperando el timbre de aviso de un "quieren conocerte", te lanzas a cruzar en rojo y aceptas un comienzo que se muerde la cola. Como el pensamiento circular que no termina hasta que te ves contra las cuerdas. Como quemar a fuego lento, subestimar tu descontento, disfrazar tu desaliento. Como seguir creando momentos que riman con infierno. 

A veces me paro a observar, te tengo enfrente, a solo un paso de cebra. Me pervierten las ganas de decirte que te tapes, que te quites todo eso porque vas más desnuda de lo que crees. Que es mucho más que un cuerpo sugerente todo lo que enseñas. A veces espero a que sean tus ojos los únicos que se atrevan a cruzar y se encuentren con los míos. Los dos minutos que tengo para cambiarte la vida se nublan ante una tormenta de arena que acelera el reloj. Estoy a punto de hacer volar todo por los aires. Entonces, suena la alarma que nos devuelve a la realidad. Es momento de continuar cada uno por su camino. Yo guardo la dinamita, tu sigues detonando tu libertad. 





viernes, 30 de diciembre de 2016

Si puedes leerlo, puedes sentirlo

Refúgiate de las redes, apaga el móvil, busca un lugar tranquilo y abierto, respira profundamente y hazte esta pregunta: QUÉ SE SIENTE AL ESTAR VIVO?? tómate todo el tiempo que necesites, es importante, hazlo por ti y para ti, nada más. Os voy a contar qué me he respondido yo. 

Al estar vivo siento que puedo sentir. Siento que puedo estar triste sin motivo alguno, porque no los tengo, pero muchas veces lo estoy, o que puedo sonreír a carcajadas con el monólogo más estúpido. El hecho de percibir latidos en cualquier parte de mi cuerpo hace que pueda disfrutar de ambos momentos. Me permite pensar, a veces pensar es recordar a los que ya no están. Otras, puedo pensar y olvidar al mismo tiempo. Estar vivo me autoriza a elegir seguir queriendo con esa locura socialmente aceptada a la que llamamos amor. Puedo elegir volver a querer como lo hice antes, o puedo no querer dejar de quererla nunca, y solo pensar en volver a verla. 

Solo estando vivo puedo disfrutar de todo lo bueno y lo malo de la vida. De una peli que te absorbe, de un libro que te engulle. De la sensación de meter un gol cuando eres el que siempre cierra atrás en los córner. De ese movimiento inconsciente de cadera que mueve tu cuerpo con un par de ginebras y una canción pegadiza. Del sol irradiando paz en tu cara, o maravillarte con lo grande y bonita que está la luna esta noche. De una hora bajo el agua caliente de la ducha. De cantar, aunque desafines. De bailar en un concierto con el hombre o la mujer de tu vida.   

También puedo sentir como el dolor o el miedo me acompañan allí donde quiera que vaya, incluso pude desear no estar vivo en algún momento. Pero si he llegado a sentir esto es porque lo estoy y he aprendido de ello. Al estar vivo puedo caminar, puedo correr. Correr para alejarme, para despejarme, para sentirme mejor, para avanzar. Correrme y alcanzar el éxtasis, otro placer de la vida que además alivia. Puedo relacionarme, puedo mirarte, tocarte, escucharte y dejar de ser quien era. Puedo cambiar, puedo evolucionar y guardar una parte de quien lo hizo posible para tenerlos siempre presentes. 

El hecho de estar vivo me despierta cada mañana y hace que busque motivos que me den la energía necesaria para dar un salto y ponerme en pie. Y lo hago, pues existen varios. El primero tiene nombre de mujer, Serrat sabía entonces que sería alguien especial. El segundo se viste de propósito a menudo, no de esos propósitos que duran lo que tarda el olvido en recordar las intenciones para año nuevo, sino de esas pretensiones que salen de lo más profundo en los momentos más difíciles. Se trata de mantener unido el amor de cuatro compañeros de viaje, de atar de por vida la felicidad a sus muñecas. El tercero consiste en agradecer estar vivo (al destino, azar, ser celestial, al polvo que lo hizo posible, a mí mismo, qué más da!) y disfrutar de poder abrazar a mi madre, a mis hermanos, a la gente que los hace felices. A quien hizo, hace y hará lo mismo con este desequilibrado que os escribe, en algún momento del camino, y admirarlos a todos. 

Estar vivo me permite leer esto y poder sentir un sin fin de emociones, las que sean, pero lo leo y siento. Siento que estoy vivo y es maravilloso, porque mañana, último día de este año que termina, podré despedirlo mirándolos a ellos a los ojos y brindar por todo esto con un: Feliz Vida mis motivos! 

Y tú, te has respondido? bien, ya estás preparado para para pedir tus deseos de año nuevo.



sábado, 24 de diciembre de 2016

Me hizo falta este diciembre


Con el pasado siempre a cuestas, con el futuro en la cabeza, me hizo falta este diciembre. Me hizo falta esa esterilla en una orilla única, el reflejo de una antorcha en plena noche y el calor de una vela en la mirada. El sonido de las olas al otro lado del mundo, veintiocho grados con estrellas, una cerveza rubia y poca ropa. Me hizo falta aquella playa, veinte días en Tailandia para escapar de mí, de este mundo. Me hizo falta aquel paisaje, sus sonrisas después de los brebajes. El mango sin mangas, la lluvia sin frío. Aquel paseo en moto, en tren o en elefante. Convertirme en caminante para encontrar un rumbo nuevo. 

Me hizo falta pisar otro continente, me hizo falta Asia. Conocer a su gente, invertir en ver mundo, agrandar mi mente y relajar este presente que puede conmigo. Me hizo falta perderme en la selva, navegar entre islas, ver miradas que reservan años de abandono, que ignoran un mundo mejor, que luchan en silencio. Al otro lado las rocas son más altas, la escalada es vertical y, con todo, llegan descalzos a la cima. Por qué iba a yo a preocuparme de no sortear pequeños baches.

Me hizo falta sentirme extraño, cambiar de escenario sin que nada importe. Dejarme llevar para dejar morir alguna pena, distorsionar la brújula que marcaba mi norte y seducirme otra vez.  Me hizo falta acumular morriña, echar de menos a los míos, echarme de menos a mí. Me hizo falta pensar como volver a mirarte y regresar con fuerza a esta soledad. 

Me quedé en aquella playa esa noche de diciembre, mirando aquella antorcha, observando la conexión de la piel entre turistas paseando el amor por la arena. A mi lado deslicé tu nombre y enterré algo más que los dedos. Me hizo falta no entender nada para empezar a entenderlo todo. Me hizo falta volver con ganas de sentarme aquí de nuevo y contarlo todo. Me hizo falta cruzar al otro lado para no volver a ser el mismo, para escribir este punto y final y sonreír.