Qué buscas? me pregunta. Y yo allí, sin salvavidas, con la boca medio llena, sin saber qué responder. Qué buscas? me repite. Y yo allí, sin avalista, ante mí, ante todos, apunto de decir "a alguien como ella". Apenas se imagina como soy, no intuye más que algún atisbo de insatisfacción. Sospechas infundadas en un par de lecturas, en alguna que otra fiesta de disfraces. Como casi siempre hago, como casi siempre hice, por miedo al rechazo, por esquivar halagos tristes.
Alquilé un agujero en la piel de por vida, gomina a gran escala y vestidos de macarra. Tinte en las ventanas, sinceridad a contraluz y un sinfín de sin razones para no tragar el humo. Mi coco me engaña derrochando simpatía, todavía era febrero y nada me valía. Calmo mis ideas, compro una Custom con el tiempo perdido acumulado, y desempolvo un traje de guaperas que guardaba en posibles. Pronto bajé a la tierra y topé con ella y su equilibrio. Allí me desnudé a pesar del frío, guardé el antifaz y olvidé mis cicatrices. Más tarde me involucré en mi interior, mi tacto movió la cuerda y besé el hielo. Empecé a cogerle el gusto a esto del miedo, al desconsuelo. Y ahora? Quién coño soy ahora?
Ahora soy uno menos de tantos. Una vez acompasado, otra vez acomplejado, otra vez acojonado, pero siempre acompañado por mis viejas experiencias. Voy una y otra vez, de fiesta en fiesta, de cuesta en cuesta, de piedra en piedra, de golpe en golpe. Y entre tanto un pequeño descanso, un remanso de paz. Todo se reduce a un camino sin señales ni destino, a una cuenta atrás que sigue hacia delante. Todo se somete a un carnaval constante. Qué buscas? me pregunta. Y yo allí, sin bandera ni estandarte. Sin padrino. Con la máscara en el suelo y sin poder asegurarle que la respuesta más acertada sería: no intentes encontrarme, me busco a mí mismo.

