domingo, 29 de enero de 2017

Disfraces

Qué buscas? me pregunta. Y yo allí, sin salvavidas, con la boca medio llena, sin saber qué responder. Qué buscas? me repite. Y yo allí, sin avalista, ante mí, ante todos, apunto de decir "a alguien como ella". Apenas se imagina como soy, no intuye más que algún atisbo de insatisfacción. Sospechas infundadas en un par de lecturas, en alguna que otra fiesta de disfraces. Como casi siempre hago, como casi siempre hice, por miedo al rechazo, por esquivar halagos tristes. 

Alquilé un agujero en la piel de por vida, gomina a gran escala y vestidos de macarra. Tinte en las ventanas, sinceridad a contraluz y un sinfín de sin razones para no tragar el humo. Mi coco me engaña derrochando simpatía, todavía era febrero y nada me valía. Calmo mis ideas, compro una Custom con el tiempo perdido acumulado, y desempolvo un traje de guaperas que guardaba en posibles. Pronto bajé a la tierra y topé con ella y su equilibrio. Allí me desnudé a pesar del frío, guardé el antifaz y olvidé mis cicatrices. Más tarde me involucré en mi interior, mi tacto movió la cuerda y besé el hielo. Empecé a cogerle el gusto a esto del miedo, al desconsuelo. Y ahora? Quién coño soy ahora? 

Ahora soy uno menos de tantos. Una vez acompasado, otra vez acomplejado, otra vez acojonado, pero siempre acompañado por mis viejas experiencias. Voy una y otra vez, de fiesta en fiesta, de cuesta en cuesta, de piedra en piedra, de golpe en golpe. Y entre tanto un pequeño descanso, un remanso de paz. Todo se reduce a un camino sin señales ni destino, a una cuenta atrás que sigue hacia delante. Todo se somete a un carnaval constante. Qué buscas? me pregunta. Y yo allí, sin bandera ni estandarte. Sin padrino. Con la máscara en el suelo y sin poder asegurarle que la respuesta más acertada sería: no intentes encontrarme, me busco a mí mismo.



jueves, 12 de enero de 2017

Entre líneas y latidos

Ven, puedes pasar, la puerta está entreabierta. Acércate, no como a nadie, solo me torturo a mí mismo. No puedo prometerte nada, solo espero que traigas aire limpio, renovado. A cambio seré amable, te ofrezco lo poco que puedo darte, sábanas limpias y calor humano. Tengo que decirte que estoy en un buen lío, no podré ir más lejos y las distancias cortas tampoco son lo mío. 

Ven, puedes entrar, he sacado el cerrojo. Pero te advierto, puede que no sea quien esperas. En realidad soy un fraude. El permiso de residencia de este cuerpo ha caducado, en mi exilio ella era mi próximo destino. Y ahora, que estoy al otro lado de su línea divisoria, ya solo pretendo llegar a algún lugar, cualquiera que sea, en el que llueva, con mar. Salir de este limbo existencial que borra los puntos del mapa que nos separa, dejar de vagar por las calles de este mundo sin pena ni gloria.

Ven, puedes pasar, veo tu sombra detrás de la puerta. Irrumpe, ayúdame a abrazar esta cama vacía y distrae este sofoco. Mi abanico de soltero no ventila con suficiente fuerza como para refrescarme las ideas. Tengo recuerdos cosidos a esta jaula de cemento, tengo en mis memorias cientos de horas de su vida. Imposible borrar de mi mente los zapatos que lucía el primer día. Tengo una mesa sin calendario. Cartas como esta, escritas sin fecha, esperando a ser cifradas. Esperando un nuevo punto de partida que deje de anhelar una segunda oportunidad para continuar con la primera. 

Ven, puedes entrar, adéntrate aunque esté a oscuras. No importa lo que hayas oído de mí, no importa lo que yo te haya dicho. Es más, no importa lo que estás leyendo aquí. Pero te confieso que a veces me imagino volar sobre su edificio. Espero a verla salir, asegurarme de que sonríe, aunque sea con otro. Me declaro seguidor de sus redes sociales, me declaro cobarde, me declaro culpable. Cometer aquel delito, mi mayor acierto. Fue un robo en toda regla el de aquel beso. Hoy he de pagar por ello. Continúo agravado por el dolo, y admito que tenía intención de quedarme para siempre. Admito que lo volvería a hacer, volvería a ser un preso reincidente. Pues allí la encontré, de casualidad, un día cualquiera en  la ciudad antigua de Compostela, entre los límites de la dignidad y la belleza. 

Ven, puedes entrar, solo quiero que sepas que así vivo. Quiero que sepas que sigo pensando en ella porque es aquí donde la miro, donde nos reencontramos, entre líneas y latidos. 

                                         

lunes, 9 de enero de 2017

Rebájate a vivir

Llegas a casa, repleta de complacencia. Rebosan bolsas, tienes la cabeza cargada de outfits casual para disparar tu atracción. Preparas tu modelo de vida para hoy y antes de que se vaya el sol te enfundas con todos tus miedos. Maquillas cada inseguridad hasta resultar irreconocible y, ahora que te crees invencible, sales con tu iphone visible y preparado para llamar la atención. 

Con la intención de encontrar un amante en cada semáforo, esperando el timbre de aviso de un "quieren conocerte", te lanzas a cruzar en rojo y aceptas un comienzo que se muerde la cola. Como el pensamiento circular que no termina hasta que te ves contra las cuerdas. Como quemar a fuego lento, subestimar tu descontento, disfrazar tu desaliento. Como seguir creando momentos que riman con infierno. 

A veces me paro a observar, te tengo enfrente, a solo un paso de cebra. Me pervierten las ganas de decirte que te tapes, que te quites todo eso porque vas más desnuda de lo que crees. Que es mucho más que un cuerpo sugerente todo lo que enseñas. A veces espero a que sean tus ojos los únicos que se atrevan a cruzar y se encuentren con los míos. Los dos minutos que tengo para cambiarte la vida se nublan ante una tormenta de arena que acelera el reloj. Estoy a punto de hacer volar todo por los aires. Entonces, suena la alarma que nos devuelve a la realidad. Es momento de continuar cada uno por su camino. Yo guardo la dinamita, tu sigues detonando tu libertad.