Llegas a casa, repleta de complacencia. Rebosan bolsas, tienes la cabeza cargada de outfits casual para disparar tu atracción. Preparas tu modelo de vida para hoy y antes de que se vaya el sol te enfundas con todos tus miedos. Maquillas cada inseguridad hasta resultar irreconocible y, ahora que te crees invencible, sales con tu iphone visible y preparado para llamar la atención.
Con la intención de encontrar un amante en cada semáforo, esperando el timbre de aviso de un "quieren conocerte", te lanzas a cruzar en rojo y aceptas un comienzo que se muerde la cola. Como el pensamiento circular que no termina hasta que te ves contra las cuerdas. Como quemar a fuego lento, subestimar tu descontento, disfrazar tu desaliento. Como seguir creando momentos que riman con infierno.
A veces me paro a observar, te tengo enfrente, a solo un paso de cebra. Me pervierten las ganas de decirte que te tapes, que te quites todo eso porque vas más desnuda de lo que crees. Que es mucho más que un cuerpo sugerente todo lo que enseñas. A veces espero a que sean tus ojos los únicos que se atrevan a cruzar y se encuentren con los míos. Los dos minutos que tengo para cambiarte la vida se nublan ante una tormenta de arena que acelera el reloj. Estoy a punto de hacer volar todo por los aires. Entonces, suena la alarma que nos devuelve a la realidad. Es momento de continuar cada uno por su camino. Yo guardo la dinamita, tu sigues detonando tu libertad.

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