sábado, 24 de diciembre de 2016

Me hizo falta este diciembre


Con el pasado siempre a cuestas, con el futuro en la cabeza, me hizo falta este diciembre. Me hizo falta esa esterilla en una orilla única, el reflejo de una antorcha en plena noche y el calor de una vela en la mirada. El sonido de las olas al otro lado del mundo, veintiocho grados con estrellas, una cerveza rubia y poca ropa. Me hizo falta aquella playa, veinte días en Tailandia para escapar de mí, de este mundo. Me hizo falta aquel paisaje, sus sonrisas después de los brebajes. El mango sin mangas, la lluvia sin frío. Aquel paseo en moto, en tren o en elefante. Convertirme en caminante para encontrar un rumbo nuevo. 

Me hizo falta pisar otro continente, me hizo falta Asia. Conocer a su gente, invertir en ver mundo, agrandar mi mente y relajar este presente que puede conmigo. Me hizo falta perderme en la selva, navegar entre islas, ver miradas que reservan años de abandono, que ignoran un mundo mejor, que luchan en silencio. Al otro lado las rocas son más altas, la escalada es vertical y, con todo, llegan descalzos a la cima. Por qué iba a yo a preocuparme de no sortear pequeños baches.

Me hizo falta sentirme extraño, cambiar de escenario sin que nada importe. Dejarme llevar para dejar morir alguna pena, distorsionar la brújula que marcaba mi norte y seducirme otra vez.  Me hizo falta acumular morriña, echar de menos a los míos, echarme de menos a mí. Me hizo falta pensar como volver a mirarte y regresar con fuerza a esta soledad. 

Me quedé en aquella playa esa noche de diciembre, mirando aquella antorcha, observando la conexión de la piel entre turistas paseando el amor por la arena. A mi lado deslicé tu nombre y enterré algo más que los dedos. Me hizo falta no entender nada para empezar a entenderlo todo. Me hizo falta volver con ganas de sentarme aquí de nuevo y contarlo todo. Me hizo falta cruzar al otro lado para no volver a ser el mismo, para escribir este punto y final y sonreír.  


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