Me sorprende este calor invernal en plena aflicción transitoria. Veo luces de colores
a raudales fuera de la periferia y desfila un ejército de zombis por mi acera,
comprando felicidad. Me asusta pensar que contagian, he empezado a medicarme
con un genérico llamado Withman,de nombre Walt. Necesito inyecciones cerebrales
de guitarras y pianos, no me fío de esta industria mental que fabrica reflexiones que no encargo.
De hecho, tengo la sensación de que se evapora el tiempo. Conservo una percepción confusa
en la que se acumulan pensamientos que se manifiestan sin cita previa.
Huele a pasado, no lo entiendo, esta no era la receta.
Restauro mi equipo a un punto anterior en mi espacio sensitivo y me siento en los andenes,
a unos metros de las vías de los sueños. Espero a que truene, y en medio de la tempestad
haré que suene este vals.
Es curioso, todavía no llueve y yo pensando en las nubes.