Tengo ganas de matar una de mis vidas. Quiero olvidar o morir, quiero nacer de nuevo, empezar otra partida en este juego. El problema es que odio la Play, así que me quedo. Seguiré aquí, desarmado, improvisando a ciegas este tránsito, más desconocido que nunca, con la mudanza a medias, con el piso a la mitad. Y es que a veces, la existencia duele, amarga, qué fuerte late a veces.
Estoy pensando que debo quemar mis alas, dejar de soñar utopías y empezar a besar tierra, aunque no sea firme. A la mierda la poesía, debería pasear los domingos, quedar para ver el partido de las seis, buscar aficiones que calmen los miedos y ser feliz con todo ello.
Pero sería un ser en permanente sequía. En realidad deseo saltar los días de seis en seis, por esto de encarar a mis demonios de una vez por todas. Quisiera abrir los ojos cada domingo, por eso bebo los sábados, para perfilar mis abismos. Sé que soy un masoca emocional, pero elijo el dolor y el silencio ante la nada y el ruido. Es así como se embriagan mis ojos, es esta soledad mi manera de seguir vivo.
De todas formas, sigo sin saber por qué en esta banda sonora de luces y sombras, el invierno dura más de una estación. Supongo que, al fin y al cabo, la vida es como un vals, puedo apreciarla solo, pero para bailarla necesito otra mitad. Es tan simple como saber que no te necesito, pero te quiero a mi lado.
De todas formas, sigo sin saber por qué en esta banda sonora de luces y sombras, el invierno dura más de una estación. Supongo que, al fin y al cabo, la vida es como un vals, puedo apreciarla solo, pero para bailarla necesito otra mitad. Es tan simple como saber que no te necesito, pero te quiero a mi lado.
Si hay algo que se me da bien es trasnochar, pero en este puto mundo madrugar está sobrevalorado. He de ir a dormir, espero que mañana, al despertar, vuelva a ser domingo.