viernes, 30 de diciembre de 2016

Si puedes leerlo, puedes sentirlo

Refúgiate de las redes, apaga el móvil, busca un lugar tranquilo y abierto, respira profundamente y hazte esta pregunta: QUÉ SE SIENTE AL ESTAR VIVO?? tómate todo el tiempo que necesites, es importante, hazlo por ti y para ti, nada más. Os voy a contar qué me he respondido yo. 

Al estar vivo siento que puedo sentir. Siento que puedo estar triste sin motivo alguno, porque no los tengo, pero muchas veces lo estoy, o que puedo sonreír a carcajadas con el monólogo más estúpido. El hecho de percibir latidos en cualquier parte de mi cuerpo hace que pueda disfrutar de ambos momentos. Me permite pensar, a veces pensar es recordar a los que ya no están. Otras, puedo pensar y olvidar al mismo tiempo. Estar vivo me autoriza a elegir seguir queriendo con esa locura socialmente aceptada a la que llamamos amor. Puedo elegir volver a querer como lo hice antes, o puedo no querer dejar de quererla nunca, y solo pensar en volver a verla. 

Solo estando vivo puedo disfrutar de todo lo bueno y lo malo de la vida. De una peli que te absorbe, de un libro que te engulle. De la sensación de meter un gol cuando eres el que siempre cierra atrás en los córner. De ese movimiento inconsciente de cadera que mueve tu cuerpo con un par de ginebras y una canción pegadiza. Del sol irradiando paz en tu cara, o maravillarte con lo grande y bonita que está la luna esta noche. De una hora bajo el agua caliente de la ducha. De cantar, aunque desafines. De bailar en un concierto con el hombre o la mujer de tu vida.   

También puedo sentir como el dolor o el miedo me acompañan allí donde quiera que vaya, incluso pude desear no estar vivo en algún momento. Pero si he llegado a sentir esto es porque lo estoy y he aprendido de ello. Al estar vivo puedo caminar, puedo correr. Correr para alejarme, para despejarme, para sentirme mejor, para avanzar. Correrme y alcanzar el éxtasis, otro placer de la vida que además alivia. Puedo relacionarme, puedo mirarte, tocarte, escucharte y dejar de ser quien era. Puedo cambiar, puedo evolucionar y guardar una parte de quien lo hizo posible para tenerlos siempre presentes. 

El hecho de estar vivo me despierta cada mañana y hace que busque motivos que me den la energía necesaria para dar un salto y ponerme en pie. Y lo hago, pues existen varios. El primero tiene nombre de mujer, Serrat sabía entonces que sería alguien especial. El segundo se viste de propósito a menudo, no de esos propósitos que duran lo que tarda el olvido en recordar las intenciones para año nuevo, sino de esas pretensiones que salen de lo más profundo en los momentos más difíciles. Se trata de mantener unido el amor de cuatro compañeros de viaje, de atar de por vida la felicidad a sus muñecas. El tercero consiste en agradecer estar vivo (al destino, azar, ser celestial, al polvo que lo hizo posible, a mí mismo, qué más da!) y disfrutar de poder abrazar a mi madre, a mis hermanos, a la gente que los hace felices. A quien hizo, hace y hará lo mismo con este desequilibrado que os escribe, en algún momento del camino, y admirarlos a todos. 

Estar vivo me permite leer esto y poder sentir un sin fin de emociones, las que sean, pero lo leo y siento. Siento que estoy vivo y es maravilloso, porque mañana, último día de este año que termina, podré despedirlo mirándolos a ellos a los ojos y brindar por todo esto con un: Feliz Vida mis motivos! 

Y tú, te has respondido? bien, ya estás preparado para para pedir tus deseos de año nuevo.



sábado, 24 de diciembre de 2016

Me hizo falta este diciembre


Con el pasado siempre a cuestas, con el futuro en la cabeza, me hizo falta este diciembre. Me hizo falta esa esterilla en una orilla única, el reflejo de una antorcha en plena noche y el calor de una vela en la mirada. El sonido de las olas al otro lado del mundo, veintiocho grados con estrellas, una cerveza rubia y poca ropa. Me hizo falta aquella playa, veinte días en Tailandia para escapar de mí, de este mundo. Me hizo falta aquel paisaje, sus sonrisas después de los brebajes. El mango sin mangas, la lluvia sin frío. Aquel paseo en moto, en tren o en elefante. Convertirme en caminante para encontrar un rumbo nuevo. 

Me hizo falta pisar otro continente, me hizo falta Asia. Conocer a su gente, invertir en ver mundo, agrandar mi mente y relajar este presente que puede conmigo. Me hizo falta perderme en la selva, navegar entre islas, ver miradas que reservan años de abandono, que ignoran un mundo mejor, que luchan en silencio. Al otro lado las rocas son más altas, la escalada es vertical y, con todo, llegan descalzos a la cima. Por qué iba a yo a preocuparme de no sortear pequeños baches.

Me hizo falta sentirme extraño, cambiar de escenario sin que nada importe. Dejarme llevar para dejar morir alguna pena, distorsionar la brújula que marcaba mi norte y seducirme otra vez.  Me hizo falta acumular morriña, echar de menos a los míos, echarme de menos a mí. Me hizo falta pensar como volver a mirarte y regresar con fuerza a esta soledad. 

Me quedé en aquella playa esa noche de diciembre, mirando aquella antorcha, observando la conexión de la piel entre turistas paseando el amor por la arena. A mi lado deslicé tu nombre y enterré algo más que los dedos. Me hizo falta no entender nada para empezar a entenderlo todo. Me hizo falta volver con ganas de sentarme aquí de nuevo y contarlo todo. Me hizo falta cruzar al otro lado para no volver a ser el mismo, para escribir este punto y final y sonreír.  


viernes, 25 de noviembre de 2016

Tenemos tiempo

Últimamente se me arrugan los dedos pensando en el oro preciado que llamamos tiempo. El agitar del mar de la bañera me insinúa que mi mente fluctúa como el cuerpo varado de un mendigo en la acera del pesar. Me pasa un poco como al mundo, se me agotan los recursos. Es curiosa la comunicación entre ambos, como ser humano que soy, también (me) consumo en exceso.
Me hago viejo asimilando la ignorancia que nos hace capaces de crear sofisticados instrumentos para complicarnos la vida y no entender como todavía existe la violencia machista. Cómo es posible que inventemos algo que puede destruir el mundo pulsando tan solo un botón y no logremos construir una forma de pensar acorde a los tiempos que vuelan. Que alguien me explique como se ha podido enviar un robot a años luz de distancia y que nuestro interior esté cada vez más apagado, o como puede moverse por la luna si nosotros todavía no sabemos caminar por la tierra. Se ha creado algo que nos hace viajar a miles de pies de altura, y nosotros con las ideas y los ánimos por los suelos. Estamos en un proceso de retroceso. Está bien dejarse llevar pero debemos seguir pensando, que no se nos vaya de las manos, este mecanismo de supervivencia nos puede matar. Duda cuanto quieras pero no dejes de actuar. 
Todos tenemos mucho que cambiar y ofrecer. Busca en sus palabras y no en su escote algo que pervierta tu mente. Fíjate bien en su mirada, quizás lance propuestas indecentes que te cambien la vida. Piensa que mañana tendrás que seguir trabajando, no podrás limpiarte con billetes de quinientos, pero cuando se termine el papel tendrás a alguien que te regale su hombro. Serás más rico que cualquiera. Utiliza los brazos y acércate a tu persona favorita, hazlo lento. Rodéala, susúrrale, y balancea ese te quiero hasta cerrar los ojos. 
Hoy se me arrugan los dedos pensando en que soy mucho más pobre desde que no estás. Mi cifra negra de emotividad está por las nubes. Son más de las tres y en la guerra de mi intimidad no asoman banderas de paz. Volveré a mi trinchera y empezaré a disparar, el fuego suicida me ayuda a sentirme mejor.
Superemos esto, tenemos tiempo! 


Fotografía de Marta.Efe

domingo, 20 de noviembre de 2016

Mirémonos!

Todo el mundo tiene un par de ojos únicos en este planeta. Todo se modifica, puedes estar inseguro de ti, todo puede ser incierto en mí. Puede parecer trascendente o insignificante, las palabras vuelan y se olvidan pero los ojos no varían, son pronóstico de verdad. Son nuestra ventana al alma, a un ente que solo tú conoces, que vive en ti, detrás de esa puerta con dos mirillas inigualables. Hay iris que transparentan todo lo que no quieren mostrar, que llevan el mar al desierto más poblado. Cristalinos opacos que no comparten nada y guardan todo bajo llave. Pupilas que solo observan, observan tan fijamente que fulminan los destellos que se atreven a cruzar. Córneas propensas a modificar la curvatura de caderas que viajan de flor en flor. Retinas sensibles a su entorno, con un corazón latente ante todo lo que tocan.
Mi teoría es la del reencuentro, cuando dos pares de ojos paralizan hasta el mismísimo reloj del Big Ben. Entonces el tiempo se dilata, algo surge, se regeneran células, los nervios ópticos no pueden parar de trenzar futuras mariposas, la alteración cardíaca es irreversible, sus puertas tiemblan y ya no volvemos a ser los mismos. No hay ciencia que haya podido demostrar todavía por qué en ese momento, son dos ventrílocuos los que mueven los músculos de la vista diciéndoselo todo en un abrir y cerrar de ojos. A partir de ahí el mundo es más sencillo, no hay muros ni barreras, la felicidad se comparte, mean con la puerta abierta y no hay más necesidad que la de volver a devorarse la mirada. Por este motivo digo siempre que se brinda a los ojos, porque hay quien sigue buscando los suyos. Repito: todo el mundo tiene un par de ojos únicos en este planeta, y yo sigo amaneciendo sin los tuyos. Por este y más empeños, MIRÉMONOS!!                
                                                              Fotografía de Marta.Efe

domingo, 13 de noviembre de 2016

A las conciencias cansadas

Vengo aterrizando desde suelo demasiado profundo para surcar cielo. Silbo al viento y me responde, me acaricia y lo hace frío. Vengo caminando, deportado de la cama, y me reitero, me vienen más de mil motivos para armonizar tu mundo, y el mío. Quizás pueda estimular algo en ti y en mis vuelos. Piensa que somos solo cauce, y tiene que llover para hacer grande nuestro río. Qué bien que llueva! me gusta imaginar que caen sonrisas, para seguir mojado y vivo. Piensa que todo ha de seguir su curso. Si se agota la pila, aviva el fuego de un suspiro. Si la nota no suena, afina esa cuerda floja en la que falla tu equilibrio. Es momento de enfocar todo lo que te mueve el alma, de oler el rastro en el camino, de tocar como nunca habías tocado la satisfacción, de ganar tiempo contigo. Escúchate con atención, te estás hablando, es momento de saltar, elimina todo ese ruido que te impide abrir los ojos. Sé que ahí dentro te sientes seguro, pero no estás a salvo. Sal fuera y mójate! la lluvia descontamina. Sal y muerde al asesino de tus ansias de vivir. Derriba tus muros, algo brilla al final de ese túnel. Ve a ver(te), adéntrate en las luces, pisa la orilla y desahógate en el mar. Sigue soñando para que nada pierda sentido. Disfruta de la canción y concédete ese baile, nuestro mundo seguirá rotando. No hay que aferrarse a ningún plan, mientras tu sangre se dispersa en un enjambre de ideas, pon sombrero a cada esfera, lanza la moneda al aire y respira. Pero sobretodo, salga lo que salga, lucha y congela hasta el abrazo más efímero.



domingo, 16 de octubre de 2016

Interrogantes

Te aterra aterrizar de golpe en una pista abandonada. Dime cómo haces, tú que crees en tu coraza como forma de vida, pero presumes de libertad. Te inquieta aislar tu fortuna en una urna blindada inmune a toda la estupidez humana, para no notarte extraño. Pierdes el tiempo, individuos como tú sienten paz en la tormenta que asola tu calma. 
Eres capaz de convertir todas tus dudas en una religión que cautiva tus ansias de cambiar el mundo de cualquiera. Tienes tu propia ley de la selva, en tu bucle los aullidos terminan arqueando los labios, y la luna sonríe contigo. Percibes plenitud mientras la muerte agoniza, cada vez que se cristalizan tus pupilas y se te eriza la piel. Cómo explicas la agitación interna que ordena tu supervivencia. La apariencia de un ente transparente en un carnaval permanente te hace cómplice y partícipe de cada una de tus líneas. No das la talla como jinete, sin embargo te aferras como nadie a las riendas de tu esencia y no hay frasco que pueda insonorizar todo lo que llevas dentro. De tu reino de despojos relucen obras maestras. Muestras tu realidad en cada intento de emerger de otro ser.
En tu desengaño, has dejado de combatir con los demás para competir contigo mismo. Eres tu propio enemigo, estás loco! Sin más elección que la de pisar algún que otro charco y a pesar de las nubes, sigues viendo el cielo en lo alto de su boca. Por si fuera poco, insistes en recordar al olvido cuando amanecen los días que embriagaban tus enigmas horas atrás. Sueles preguntarte a donde quieres llegar sin haber escuchado antes el pistoletazo de salida. Y es que todos soñamos alguna vez con observarlo todo desde arriba, con la claridad que impide celebrar cada logro, por pequeño que sea. 
Hay un sin fin de interrogantes en cada una de tus historias. Pero el kit de la cuestión no está en ti, sino en tu existencia. Y tú, quien quiera que seas , cómo llevas eso de ser tú mismo?



domingo, 25 de septiembre de 2016

Crítica a mi lucha

Por qué no asumir que escribo a todo lo que temo, que temo pasar sin dejar rastro y no saber como volver, que arrastro el declive de un ser momificado. Ya no cubro heridas, el vendaje de esta momia ha empezado a decaer y los sueños decrecen como lo hacen los días de un otoño reciente.  
Por qué no asumir que me consumo en el tiempo. Las horas que ocupan esta silla me alejan del mundo real, ese espacio vital lleno de gente a la que no comprendo y envidio. Caminan como si no pasara nada, sonríen porque sí, beben sin motivo, vocean himnos y venden gratis su vida para que todos sepan o crean que son felices, que prefieren una foto a una cerveza contigo. 
Por qué no asumir que mi mundo no duerme, no se para, que mi mente me acapara y no me deja vivir. Puede que me ausente pero nunca me fui, y mientras todos ellos bailan, yo sigo aquí, quitándome la piel antes de quitarle a cualquiera la ropa. 
Por qué no asumir que me reconozco triste. No tengo piedad con mis memorias, pero después de cada derrota nadie es el mismo. Suelo pensar que hay momentos en los que crezco y no consigo verme. Ahora aumenta mi nausea en este arrebato de sinceridad, aun así voy a contar que no soy yo, soy la mitad de lo que fui porque existo, pero no es lo mismo sin ti. 
Por qué no asumir en esta crítica a mi lucha, que es inevitable. En este mundo de ideas y latidos a veces siento miedo, con frecuencia no me entiendo. Me veo derrapando en una niebla matinal y allí fuera luce el sol, ya he perdido la cuenta de las veces que pierdo el control. Esta noche más, otra sin café, solo hay algo que alienta y alivia mi ente hasta convertirlo todo en calma. Cuando te imagino pelear y sonreír ahuyentando mi espanto a base de cosquillas. Eso es! la meta es sonreír y mantener el vuelo, la nostalgia es el camino. 








lunes, 25 de julio de 2016

Lo mejor que pude hacer

Conocí una vez a una mujer que presumía de ser como el resto. Tenía tanto talento que cambió mi vida con solo tres letras. No era consciente de todo lo que provocaba en quien se acercaba. No se imagina lo alto que me ha hecho llegar y lo bien que he respirado allí arriba. Derretía hasta el más sólido argumento, y lo hacía sin ganas, sin señas, solo miraba. Miraba tan hondo que calaba de ternura y seguridad tu alma. Cuando sonreía todo era verdad, achinaba los ojos y un halo de luz proveniente de toda la paz que emanaba, iluminaba los tormentos de todo un patio de vecinos. Cegaba el camino de este trapecista que pisaba inseguro la línea de un presente incierto y lo hacía entonar el himno de la alegría.

Conocí una vez a una mujer que tenía la capacidad de pisar tierra y hacer volar al resto. Que tenía mis palabras en su boca sin hacer siquiera un gesto. A su lado el tiempo apuraba el paso, a su lado la lluvia no mojaba, perfumaba todo espacio. Cuando abrazaba, los planetas se alineaban, los cometas asaltaban la ventana, fulminaba la vida de todo marcapasos con solo acercar el pecho. Destruía toda derrota, y yo, vencido hasta las trancas, tan solo pensaba en combatir hasta la muerte en su guerra.

Conocí una vez a una mujer con el arte de prender a un fugitivo que aprendió tanto a su lado, que no quiso escapar nunca de sus ruinas. Que tuteaba a mis miedos, que tanteaba mis penas y saltaba conmigo destellando el vacío. Me basta con saber que todo lo que supe de ella ha sido suficiente para cambiar la historia.

Conocí una vez a una mujer que tiene motivos de sobra para ser feliz, se tiene a ella. Las personas así no merecen malgastar su magia en seres tan sumidos en las profundidades de su ombligo que terminan olvidando que ahí empieza el olvido. Conocí una vez a una mujer a la que quizás algún día merezca. Lo mejor que pude hacer, fue conocerla.


domingo, 24 de abril de 2016

Benditos domingos

Tengo ganas de matar una de mis vidas. Quiero olvidar o morir, quiero nacer de nuevo, empezar otra partida en este juego. El problema es que odio la Play, así que me quedo. Seguiré aquí, desarmado, improvisando a ciegas este tránsito, más desconocido que nunca, con la mudanza a medias, con el piso a la mitad. Y es que a veces, la existencia duele, amarga, qué fuerte late a veces. 
Estoy pensando que debo quemar mis alas, dejar de soñar utopías y empezar a besar tierra, aunque no sea firme. A la mierda la poesía, debería pasear los domingos, quedar para ver el partido de las seis, buscar aficiones que calmen los miedos y ser feliz con todo ello. 
Pero sería un ser en permanente sequía. En realidad deseo saltar los días de seis en seis, por esto de encarar a mis demonios de una vez por todas. Quisiera abrir los ojos cada domingo, por eso bebo los sábados, para perfilar mis abismos. Sé que soy un masoca emocional, pero elijo el dolor y el silencio ante la nada y el ruido. Es así como se embriagan mis ojos, es esta soledad mi manera de seguir vivo.
De todas formas, sigo sin saber por qué en esta banda sonora de luces y sombras, el invierno dura más de una estación. Supongo que, al fin y al cabo, la vida es como un vals, puedo apreciarla solo, pero para bailarla necesito otra mitad. Es tan simple como saber que no te necesito, pero te quiero a mi lado. 
Si hay algo que se me da bien es trasnochar, pero en este puto mundo madrugar está sobrevalorado. He de ir a dormir, espero que mañana, al despertar, vuelva a ser domingo. 




domingo, 17 de abril de 2016

Es la hora

Es la hora, este barco zarpa, riguroso cual tren de cercanías. Y él, impuntual como siempre, titubea en este loco anochecer entre subir a bordo a sabiendas de lo frágil del camino, conocedor del temporal, y perder otro vuelo de polillas estudiando los rumores que mantienen la flota amarrada a puerto. 
Es la hora, este barco ha empezado a moverse. Llega, piensa en el abordaje y se balancea. Viste piel de kamikaze, se la va a jugar. Va a saltar evocando las predicciones de las líneas de tu mano. Va a ser mortal.
Es la hora. A la deriva va este barco, a ciegas, esta ruta. Con rumbo inseguro, colindando la porción indefinida de un ángulo propio, agudo triángulo de las bermudas. Allí donde todo desaparece, de donde nadie ha conseguido salir. Tampoco él, que siempre ha creído que hay que tener un buen par de principios y la valentía suficiente para volver a fallar y seguir siendo un don alguien. Obtuso de si.
Es la hora, este barco traga agua. No se hunde, se derrite, se consume. No hay equipo de rescate, no hay chaleco salvavidas, se aferra a sus recuerdos para mantenerse a flote. Su percepción del tiempo se desvanece, cree llevar toda una vida calado.  Este náufrago ha perdido mucha tinta, y no hay botella, no hay mensaje. Un enfermizo pensamiento duda de su existencia después de tu olvido. Perece. 
Es la hora, pero espera. Parece que le queda una bengala, quizá estés cerca hoy que se acerca el final. Una vez más, la marcha atrás evitará otra vida con su muerte. Entonces te imagina sonreír, como cuando te besaba los párpados. Dulce consuelo en esta, su última velada de duelo. Ahora que ha llegado la hora, el fin justifica sus miedos. 


domingo, 3 de abril de 2016

Razones para temblar

En un despiece horizontal uno obtiene conclusiones inconexas que conectan terminaciones nerviosas que duelen. Llega un momento en que te das cuenta de que se te fue la mano con la medicación. De que has sido un ente inconsciente que ha estado jugando en el filo de un puñal que ha herido al amor de gravedad. De que todo aquello que te aislaba de una polución que te hacía picar los ojos, no ha evitado la propagación de un virus letal al cual no has sabido encontrar cura. Y ahora que la cuarentena es absurda, que gracias a ella llegarás solo a los cuarenta, te preguntas por qué no has hincado el diente a su sinceridad. Por qué has abandonado el cuaderno de viajes en aquella estantería. Hoy reconoces el sabor del mar en la superficie de un semblante triste y vuelve a arrollar la lluvia, en la calle también. Ahora solo vives, duermes solo, te follas solo, has empezado a hablar solo. Ahora fumas tinta, escribes humo, bebes zumo de almidón de una almohada abandonada que preserva su calor. Con la mirada fija en la nada cuestionas la claridad de todo aquello que creías correcto. Meditas, pero tu mantra ya no arropa el frío de estas aguas pantanosas. Una plaga de dudas tumba tus murallas, te sumerges en las ascuas que han dejado la tragedia y soplas, soplas con todas tus fuerzas intentando avivar esa esquina en la que se ha parado el tiempo. Un perímetro de seguridad repleto de incertidumbre. Y todo, por un puñado de versos. Ahora todo se estremece porque hay razones para temblar. 



sábado, 19 de marzo de 2016

Te admiro, a ti.

Te admiro, a ti, símbolo de lucha y de firmeza. Admiro todos y cada uno de tus logros, tus cuatro creaciones, las confesiones que veintisiete años después liberan tus lastres y encumbran tu ser al trono del reino de los dioses. Y si alguno es real, velará por ti. 
Te admiro, a ti. Embalsamaría hasta la más mínima de tus sonrisas, santificaría las manos con las que tanto has luchado. Te concedería el premio novel de la vida. Cedería la mía para volver al pasado. 
Te admiro, a ti, tu resistencia, tu amor ciego. Tu reveldía ante el destino, tu resiliencia. Llenaría de pólvora cada llanto encubierto, cada decepción, cada recuerdo crónico, anclado. No bastarían tres vidas para devolver cada proeza, pero he firmado un pacto. Te ofrezco un amor inmortal, incondicional, de infarto. 
Te admiro, a ti. Este niño de cristal opaco te debe la vida, la infancia, la juventud, la madurez, su presente y su futuro. Clama justicia por tu bienestar, por la paz en tu mirada, por la fulminación de aquel infierno. Ha vendido su alma al diablo negociando tu orden de alejamiento eterno. No me faltarás nunca.  
Te admiro, a ti, porque los cuentos no relatan esta clase de princesas, y tu sigues bailando, leyendo a otras princesas que no te llegan a la planta de tus pasos. Será este el prólogo de tu fábula. 

Tal día como hoy, al cual los mercados apodan "día del padre", yo recuerdo ese pacto y te admiro, a ti. Gracias por tanto, madre. 


viernes, 26 de febrero de 2016

Matemático

Las cinco de una tarde más de invierno. En pleno sermón aritmético, pensamientos fugaces me aíslan de las piedras que lanza el sistema. Por un instante administro mi tiempo en el ambiente, tengo la cabeza como inerte, hasta que un desfile inocente de palomas me guía de nuevo a mi estado de cuerpo presente. 
Mientras la indiferencia de un matemático, más viejo que perro, desintegra la escasa probabilidad que existía de llegar a instruirme, con acento de súplica escucho un "Si hay dudas, por favor, preguntad". De pronto, algo efímero me sacude la piel, me lleva a la lona y se va. Con su nombre en la punta de la lengua, un sin fin de preguntas me acorralan. Estoy a punto de soltarlo todo, pero desisto. Él no la conoce y yo no tengo ni idea de estadística. 
Siento que estoy perdiendo el tiempo en estas clases. Este apático autómata consumido por la tiza y el café no ha conseguido enseñarme nada. No consigo despejar la incógnita de esta masa mortal que arrastro. Yo, que solo hallo medias para contar mentiras porque me cuesta calcular la verdad. Todavía sigo haciendo números para saber a donde quiero llegar.  
Qué hago aquí? me pregunto. Si considero que las sonrisas resuelven más problemas que las cifras. Que hay más armonía en lo infinito que en lo que tiene un final. Que no hay mejor algoritmo que la talla de su escote. Creo que no hay fórmula más compleja que un amor acompasado. Que la única correlación que me atrapa está a su lado. Yo, que apenas sé sumar, que no sé si la echo de menos, o la quiero de más. Que la única inteligencia que respiro es emocional. 
Esto es verídico, con letras se forma la palabra ARTE, y no hay arte más puro que la combustión de palabras ni solución más perfecta que encontrarse. Tan cierto como que sin flor no hay aire. Así es, matemático.


sábado, 20 de febrero de 2016

Bipolar

Soy de los que viven en un metro cuadrado, lo me mide un escritorio, un compás y una ventana. Soy de los que piensan en carmín y frenan en mojado.
Soy de los que nunca saben qué decir, debo escribirlo todo para explicarlo, para entenderme. Soy de los que forman parte de todos y a la vez de nadie. No pretendo crearlo, no consigo verme.
Manejo otros filtros, tengo vértigo de mi propia versatilidad. Sufro un magnetismo errante que me aleja de todo lo que añoro. Soy de esos cobardes que tienen el valor y el miedo de empatizar con todo.
Formo parte de una nueva categoría social. Asocial quizás. Hay almas torpes que desean bien pero quieren mal, y yo consigo hacerlo. Soy un optimista con demasiada información para dejar de serlo.
Todos tenemos los lacrimales llenos de penas. Todos sabemos que la brujería no existe y nos asombramos con cada truco. Todos esperamos algo que nunca llega. Todos nos hicimos esa pregunta que empieza por un ¿Qué hubiera sido si...?
No estoy lejos sino ausente. Soy libre pero me creo anclado. Prometí volver, prometí cosas que no estoy seguro si quiero cumplir. Solo tengo ritmo para bailar en un metro cuadrado.

A ver ahora como te digo que hay personas que son magia. Que vuelan y vuelven. Que sueñan y te cambian la vida. Que hacen de un comentario una reflexión tan poderosa que te guía. Que hay entes que tatúan algo en ti, en tus ojos, en tu boca, que no se puede ver y no hay láser que lo disimule. Personas misteriosas que salvan el mundo con besos y abrazos a quemarropa. Yo en ocasiones me pregunto, ¿Qué hubiera sido si me hubiese hecho mago?



viernes, 12 de febrero de 2016

Tú a París, y yo a tu lado


Te acercas, tan entera, que embaucas mis sentidos. No vistes armadura, tu perfil dice la verdad. Tu valentía quiebra la sombra de mi voz. El tiempo parpadea, me he quedado en blanco y negro, no me siento el pulso. Qué me está pasando, ahora mi mundo es mudo. Tengo un nudo en la memoria. Qué he estado haciendo antes de que aparecieras?
La culpa es toda mía, he bajado la guardia y has cruzado la frontera. Contra todo pronóstico, tiemblan mis cimientos, mi sustento. Me has puesto en peligro, así que te diré algo: Tienes derecho a guardar silencio y la obligación de quererme. Y si no hablamos el mismo idioma, tranquila, utilizaré la lengua, y los signos.
Mi imaginación roza tu pelo y pierdo el equilibrio antes del contacto. Y ya que hablamos de conocernos; te comería en braille, trenzaría nuestros pasos y compartiría contigo mis buenos días. Escribiría por mí, para ti, y cuando te tenga serás libre. La verdad la alberga el sinsentido. Lo sé, pretendes obtener una vida plena. Te vuelves, no me miras, esquivas el combate entre latidos. Solo los cuerdos tienen miedo. Qué pena!
En mi podio, la vida va de no pisar París, solo hago la maleta para presentarme en tu puerta, si acaso. Se trata de volar muy alto y soñar acariciando el suelo. Insisto en ser yo mismo en febrero y dejar la puerta abierta el resto del año. Por fortuna, a este lado, el sol amanece lento y bailando. Incluso pasa la noche en vela y su cera se derrite ante la luna. Tu empeñada en asaltar la cuna del amor, y yo acunado aquí a tu lado.


domingo, 31 de enero de 2016

Refugiados

 
Se hace la noche, miles de promesas navegan mar a dentro con sus vidas a cuestas. 
No miran atrás, huyen de su suerte, dejan las cruzadas. No volverán, la crueldad les espera. 
Valientes víctimas en medio de dos guerras.

Despojados de todo aquello que han creado, embarcados con afán de tripulantes, 
respiran aunque sea un rato las ganas de victoria. Pero esta no pasa por su lado, 
surcan territorio de piratas que dirigen este mundo raro. 

El tiempo lastra sus alas, golpes de océano atizan sus falsas esperanzas.
Restan minutos para poner fin a sus condenas, y todavía no han sido juzgados. 
Sin el mínimo derecho a un último deseo, empapados en incertidumbre y miedo. 

Exhaustos, desisten de su lucha. En un camino eterno de mareas sin más faro que una luz de luna, la hipotermia congela su angustia y los duerme para siempre soñando avistar tierra. 
Allí flota la inocencia de pequeñas almas que solo querían sonreír. Seres destinados al olvido que no imploraban más auxilio que vivir en paz. 

Aquí, nosotros, los inhumanos, no encontramos razones para seguir viviendo. Una negra sombra perseguirá para siempre nuestra existencia, pues no vemos personas, vemos refugiados.  
   
Como decir que llevo días sin dejar de pensar en esto. Que me parte en mil y necesitaba expresarlo. Que me falla el corazón al ponerme en su lugar y pensar que un ser querido tenga que vivir algo así.


sábado, 23 de enero de 2016

Ley de muerte


Lo sé, existe una ley innata, y es que el tiempo no congela las horas malgastadas.
Él derrocha horas cada día. Se sienta, conecta hemisferios y armonías,tripula su
nave a un espacio más cómico que cósmico. Así pasa las horas, dando la vuelta
a su mundo antagónico.
Suele cubrir las ventanas hasta que oscurece, entonces se asoma al tragaluz
y observa los reflejos que hacen camino a tu puerta. Quiso ocultar las ganas
creyendo que secaría la tinta de sus manos, y ahora que tiene tan cerca las estrellas,
está más calado que nunca. A veces, pensando que ha vuelto a desaparecer,
se imagina llenando tu luna creciente.
Lo sé, existe una ley inerte y es que el tiempo hace fuerte a aquellas vidas castigadas.
Él es su mayor enemigo. Un convencido perturbado, cual idiota con poder que no aprende
del pasado. Aguanta el peso de sus ideas, un cóctel de anticristo con esencias de profeta.
Desde su deriva se atisban girasoles. Se repite la misma historia de invierno,
mientras él oculta el sol, aquí abajo nacen flores. Nos miramos, nos identificamos
lejos pero semejantes, él empieza a gravitar, yo aprieto el gatillo.
Justifico mi muerte contigo, no soy un suicida.
Si convierto mi fin en tu supervivencia, no es muerte sino vida.