Por qué no asumir que escribo a todo lo que temo, que temo pasar sin dejar rastro y no saber como volver, que arrastro el declive de un ser momificado. Ya no cubro heridas, el vendaje de esta momia ha empezado a decaer y los sueños decrecen como lo hacen los días de un otoño reciente.
Por qué no asumir que me consumo en el tiempo. Las horas que ocupan esta silla me alejan del mundo real, ese espacio vital lleno de gente a la que no comprendo y envidio. Caminan como si no pasara nada, sonríen porque sí, beben sin motivo, vocean himnos y venden gratis su vida para que todos sepan o crean que son felices, que prefieren una foto a una cerveza contigo.
Por qué no asumir que mi mundo no duerme, no se para, que mi mente me acapara y no me deja vivir. Puede que me ausente pero nunca me fui, y mientras todos ellos bailan, yo sigo aquí, quitándome la piel antes de quitarle a cualquiera la ropa.
Por qué no asumir que me reconozco triste. No tengo piedad con mis memorias, pero después de cada derrota nadie es el mismo. Suelo pensar que hay momentos en los que crezco y no consigo verme. Ahora aumenta mi nausea en este arrebato de sinceridad, aun así voy a contar que no soy yo, soy la mitad de lo que fui porque existo, pero no es lo mismo sin ti.
Por qué no asumir en esta crítica a mi lucha, que es inevitable. En este mundo de ideas y latidos a veces siento miedo, con frecuencia no me entiendo. Me veo derrapando en una niebla matinal y allí fuera luce el sol, ya he perdido la cuenta de las veces que pierdo el control. Esta noche más, otra sin café, solo hay algo que alienta y alivia mi ente hasta convertirlo todo en calma. Cuando te imagino pelear y sonreír ahuyentando mi espanto a base de cosquillas. Eso es! la meta es sonreír y mantener el vuelo, la nostalgia es el camino.