Se hace la noche, miles de promesas navegan mar a dentro con sus vidas a cuestas.
No miran atrás, huyen de su suerte, dejan las cruzadas. No volverán, la crueldad les espera.
Valientes víctimas en medio de dos guerras.
Despojados de todo aquello que han creado, embarcados con afán de tripulantes,
respiran aunque sea un rato las ganas de victoria. Pero esta no pasa por su lado,
surcan territorio de piratas que dirigen este mundo raro.
El tiempo lastra sus alas, golpes de océano atizan sus falsas esperanzas.
Restan minutos para poner fin a sus condenas, y todavía no han sido juzgados.
Sin el mínimo derecho a un último deseo, empapados en incertidumbre y miedo.
Exhaustos, desisten de su lucha. En un camino eterno de mareas sin más faro que una luz de luna, la hipotermia congela su angustia y los duerme para siempre soñando avistar tierra.
Allí flota la inocencia de pequeñas almas que solo querían sonreír. Seres destinados al olvido que no imploraban más auxilio que vivir en paz.
Aquí, nosotros, los inhumanos, no encontramos razones para seguir viviendo. Una negra sombra perseguirá para siempre nuestra existencia, pues no vemos personas, vemos refugiados.
Como decir que llevo días sin dejar de pensar en esto. Que me parte en mil y necesitaba expresarlo. Que me falla el corazón al ponerme en su lugar y pensar que un ser querido tenga que vivir algo así.
Algo falla cuando este tipo de tragedias no despiertan el más mínimo dolor en la mayor parte de la población, supongo que lo vemos como algo demasiado lejano o tal vez han conseguido por fin lo que llevan intentando media vida: insensibilizarnos de todo salvo del consumo...
ResponderEliminarTerrible.
Un auténtico drama Óscar. En el siglo en el que estamos, los recursos de los que disponemos, y esta pobre gente privada de cualquier derecho. Incomprensible
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