viernes, 12 de febrero de 2016

Tú a París, y yo a tu lado


Te acercas, tan entera, que embaucas mis sentidos. No vistes armadura, tu perfil dice la verdad. Tu valentía quiebra la sombra de mi voz. El tiempo parpadea, me he quedado en blanco y negro, no me siento el pulso. Qué me está pasando, ahora mi mundo es mudo. Tengo un nudo en la memoria. Qué he estado haciendo antes de que aparecieras?
La culpa es toda mía, he bajado la guardia y has cruzado la frontera. Contra todo pronóstico, tiemblan mis cimientos, mi sustento. Me has puesto en peligro, así que te diré algo: Tienes derecho a guardar silencio y la obligación de quererme. Y si no hablamos el mismo idioma, tranquila, utilizaré la lengua, y los signos.
Mi imaginación roza tu pelo y pierdo el equilibrio antes del contacto. Y ya que hablamos de conocernos; te comería en braille, trenzaría nuestros pasos y compartiría contigo mis buenos días. Escribiría por mí, para ti, y cuando te tenga serás libre. La verdad la alberga el sinsentido. Lo sé, pretendes obtener una vida plena. Te vuelves, no me miras, esquivas el combate entre latidos. Solo los cuerdos tienen miedo. Qué pena!
En mi podio, la vida va de no pisar París, solo hago la maleta para presentarme en tu puerta, si acaso. Se trata de volar muy alto y soñar acariciando el suelo. Insisto en ser yo mismo en febrero y dejar la puerta abierta el resto del año. Por fortuna, a este lado, el sol amanece lento y bailando. Incluso pasa la noche en vela y su cera se derrite ante la luna. Tu empeñada en asaltar la cuna del amor, y yo acunado aquí a tu lado.


No hay comentarios:

Publicar un comentario