Lo sé, existe una ley innata, y es que el tiempo no congela las horas malgastadas.
Él derrocha horas cada día. Se sienta, conecta hemisferios y armonías,tripula su
nave a un espacio más cómico que cósmico. Así pasa las horas, dando la vuelta
a su mundo antagónico.
Suele cubrir las ventanas hasta que oscurece, entonces se asoma al tragaluz
y observa los reflejos que hacen camino a tu puerta. Quiso ocultar las ganas
creyendo que secaría la tinta de sus manos, y ahora que tiene tan cerca las estrellas,
está más calado que nunca. A veces, pensando que ha vuelto a desaparecer,
se imagina llenando tu luna creciente.
Lo sé, existe una ley inerte y es que el tiempo hace fuerte a aquellas vidas castigadas.
Él es su mayor enemigo. Un convencido perturbado, cual idiota con poder que no aprende
del pasado. Aguanta el peso de sus ideas, un cóctel de anticristo con esencias de profeta.
Desde su deriva se atisban girasoles. Se repite la misma historia de invierno,
mientras él oculta el sol, aquí abajo nacen flores. Nos miramos, nos identificamos
lejos pero semejantes, él empieza a gravitar, yo aprieto el gatillo.
Justifico mi muerte contigo, no soy un suicida.
Si convierto mi fin en tu supervivencia, no es muerte sino vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario