domingo, 17 de abril de 2016

Es la hora

Es la hora, este barco zarpa, riguroso cual tren de cercanías. Y él, impuntual como siempre, titubea en este loco anochecer entre subir a bordo a sabiendas de lo frágil del camino, conocedor del temporal, y perder otro vuelo de polillas estudiando los rumores que mantienen la flota amarrada a puerto. 
Es la hora, este barco ha empezado a moverse. Llega, piensa en el abordaje y se balancea. Viste piel de kamikaze, se la va a jugar. Va a saltar evocando las predicciones de las líneas de tu mano. Va a ser mortal.
Es la hora. A la deriva va este barco, a ciegas, esta ruta. Con rumbo inseguro, colindando la porción indefinida de un ángulo propio, agudo triángulo de las bermudas. Allí donde todo desaparece, de donde nadie ha conseguido salir. Tampoco él, que siempre ha creído que hay que tener un buen par de principios y la valentía suficiente para volver a fallar y seguir siendo un don alguien. Obtuso de si.
Es la hora, este barco traga agua. No se hunde, se derrite, se consume. No hay equipo de rescate, no hay chaleco salvavidas, se aferra a sus recuerdos para mantenerse a flote. Su percepción del tiempo se desvanece, cree llevar toda una vida calado.  Este náufrago ha perdido mucha tinta, y no hay botella, no hay mensaje. Un enfermizo pensamiento duda de su existencia después de tu olvido. Perece. 
Es la hora, pero espera. Parece que le queda una bengala, quizá estés cerca hoy que se acerca el final. Una vez más, la marcha atrás evitará otra vida con su muerte. Entonces te imagina sonreír, como cuando te besaba los párpados. Dulce consuelo en esta, su última velada de duelo. Ahora que ha llegado la hora, el fin justifica sus miedos. 


domingo, 3 de abril de 2016

Razones para temblar

En un despiece horizontal uno obtiene conclusiones inconexas que conectan terminaciones nerviosas que duelen. Llega un momento en que te das cuenta de que se te fue la mano con la medicación. De que has sido un ente inconsciente que ha estado jugando en el filo de un puñal que ha herido al amor de gravedad. De que todo aquello que te aislaba de una polución que te hacía picar los ojos, no ha evitado la propagación de un virus letal al cual no has sabido encontrar cura. Y ahora que la cuarentena es absurda, que gracias a ella llegarás solo a los cuarenta, te preguntas por qué no has hincado el diente a su sinceridad. Por qué has abandonado el cuaderno de viajes en aquella estantería. Hoy reconoces el sabor del mar en la superficie de un semblante triste y vuelve a arrollar la lluvia, en la calle también. Ahora solo vives, duermes solo, te follas solo, has empezado a hablar solo. Ahora fumas tinta, escribes humo, bebes zumo de almidón de una almohada abandonada que preserva su calor. Con la mirada fija en la nada cuestionas la claridad de todo aquello que creías correcto. Meditas, pero tu mantra ya no arropa el frío de estas aguas pantanosas. Una plaga de dudas tumba tus murallas, te sumerges en las ascuas que han dejado la tragedia y soplas, soplas con todas tus fuerzas intentando avivar esa esquina en la que se ha parado el tiempo. Un perímetro de seguridad repleto de incertidumbre. Y todo, por un puñado de versos. Ahora todo se estremece porque hay razones para temblar. 



sábado, 19 de marzo de 2016

Te admiro, a ti.

Te admiro, a ti, símbolo de lucha y de firmeza. Admiro todos y cada uno de tus logros, tus cuatro creaciones, las confesiones que veintisiete años después liberan tus lastres y encumbran tu ser al trono del reino de los dioses. Y si alguno es real, velará por ti. 
Te admiro, a ti. Embalsamaría hasta la más mínima de tus sonrisas, santificaría las manos con las que tanto has luchado. Te concedería el premio novel de la vida. Cedería la mía para volver al pasado. 
Te admiro, a ti, tu resistencia, tu amor ciego. Tu reveldía ante el destino, tu resiliencia. Llenaría de pólvora cada llanto encubierto, cada decepción, cada recuerdo crónico, anclado. No bastarían tres vidas para devolver cada proeza, pero he firmado un pacto. Te ofrezco un amor inmortal, incondicional, de infarto. 
Te admiro, a ti. Este niño de cristal opaco te debe la vida, la infancia, la juventud, la madurez, su presente y su futuro. Clama justicia por tu bienestar, por la paz en tu mirada, por la fulminación de aquel infierno. Ha vendido su alma al diablo negociando tu orden de alejamiento eterno. No me faltarás nunca.  
Te admiro, a ti, porque los cuentos no relatan esta clase de princesas, y tu sigues bailando, leyendo a otras princesas que no te llegan a la planta de tus pasos. Será este el prólogo de tu fábula. 

Tal día como hoy, al cual los mercados apodan "día del padre", yo recuerdo ese pacto y te admiro, a ti. Gracias por tanto, madre. 


viernes, 26 de febrero de 2016

Matemático

Las cinco de una tarde más de invierno. En pleno sermón aritmético, pensamientos fugaces me aíslan de las piedras que lanza el sistema. Por un instante administro mi tiempo en el ambiente, tengo la cabeza como inerte, hasta que un desfile inocente de palomas me guía de nuevo a mi estado de cuerpo presente. 
Mientras la indiferencia de un matemático, más viejo que perro, desintegra la escasa probabilidad que existía de llegar a instruirme, con acento de súplica escucho un "Si hay dudas, por favor, preguntad". De pronto, algo efímero me sacude la piel, me lleva a la lona y se va. Con su nombre en la punta de la lengua, un sin fin de preguntas me acorralan. Estoy a punto de soltarlo todo, pero desisto. Él no la conoce y yo no tengo ni idea de estadística. 
Siento que estoy perdiendo el tiempo en estas clases. Este apático autómata consumido por la tiza y el café no ha conseguido enseñarme nada. No consigo despejar la incógnita de esta masa mortal que arrastro. Yo, que solo hallo medias para contar mentiras porque me cuesta calcular la verdad. Todavía sigo haciendo números para saber a donde quiero llegar.  
Qué hago aquí? me pregunto. Si considero que las sonrisas resuelven más problemas que las cifras. Que hay más armonía en lo infinito que en lo que tiene un final. Que no hay mejor algoritmo que la talla de su escote. Creo que no hay fórmula más compleja que un amor acompasado. Que la única correlación que me atrapa está a su lado. Yo, que apenas sé sumar, que no sé si la echo de menos, o la quiero de más. Que la única inteligencia que respiro es emocional. 
Esto es verídico, con letras se forma la palabra ARTE, y no hay arte más puro que la combustión de palabras ni solución más perfecta que encontrarse. Tan cierto como que sin flor no hay aire. Así es, matemático.


sábado, 20 de febrero de 2016

Bipolar

Soy de los que viven en un metro cuadrado, lo me mide un escritorio, un compás y una ventana. Soy de los que piensan en carmín y frenan en mojado.
Soy de los que nunca saben qué decir, debo escribirlo todo para explicarlo, para entenderme. Soy de los que forman parte de todos y a la vez de nadie. No pretendo crearlo, no consigo verme.
Manejo otros filtros, tengo vértigo de mi propia versatilidad. Sufro un magnetismo errante que me aleja de todo lo que añoro. Soy de esos cobardes que tienen el valor y el miedo de empatizar con todo.
Formo parte de una nueva categoría social. Asocial quizás. Hay almas torpes que desean bien pero quieren mal, y yo consigo hacerlo. Soy un optimista con demasiada información para dejar de serlo.
Todos tenemos los lacrimales llenos de penas. Todos sabemos que la brujería no existe y nos asombramos con cada truco. Todos esperamos algo que nunca llega. Todos nos hicimos esa pregunta que empieza por un ¿Qué hubiera sido si...?
No estoy lejos sino ausente. Soy libre pero me creo anclado. Prometí volver, prometí cosas que no estoy seguro si quiero cumplir. Solo tengo ritmo para bailar en un metro cuadrado.

A ver ahora como te digo que hay personas que son magia. Que vuelan y vuelven. Que sueñan y te cambian la vida. Que hacen de un comentario una reflexión tan poderosa que te guía. Que hay entes que tatúan algo en ti, en tus ojos, en tu boca, que no se puede ver y no hay láser que lo disimule. Personas misteriosas que salvan el mundo con besos y abrazos a quemarropa. Yo en ocasiones me pregunto, ¿Qué hubiera sido si me hubiese hecho mago?



viernes, 12 de febrero de 2016

Tú a París, y yo a tu lado


Te acercas, tan entera, que embaucas mis sentidos. No vistes armadura, tu perfil dice la verdad. Tu valentía quiebra la sombra de mi voz. El tiempo parpadea, me he quedado en blanco y negro, no me siento el pulso. Qué me está pasando, ahora mi mundo es mudo. Tengo un nudo en la memoria. Qué he estado haciendo antes de que aparecieras?
La culpa es toda mía, he bajado la guardia y has cruzado la frontera. Contra todo pronóstico, tiemblan mis cimientos, mi sustento. Me has puesto en peligro, así que te diré algo: Tienes derecho a guardar silencio y la obligación de quererme. Y si no hablamos el mismo idioma, tranquila, utilizaré la lengua, y los signos.
Mi imaginación roza tu pelo y pierdo el equilibrio antes del contacto. Y ya que hablamos de conocernos; te comería en braille, trenzaría nuestros pasos y compartiría contigo mis buenos días. Escribiría por mí, para ti, y cuando te tenga serás libre. La verdad la alberga el sinsentido. Lo sé, pretendes obtener una vida plena. Te vuelves, no me miras, esquivas el combate entre latidos. Solo los cuerdos tienen miedo. Qué pena!
En mi podio, la vida va de no pisar París, solo hago la maleta para presentarme en tu puerta, si acaso. Se trata de volar muy alto y soñar acariciando el suelo. Insisto en ser yo mismo en febrero y dejar la puerta abierta el resto del año. Por fortuna, a este lado, el sol amanece lento y bailando. Incluso pasa la noche en vela y su cera se derrite ante la luna. Tu empeñada en asaltar la cuna del amor, y yo acunado aquí a tu lado.


domingo, 31 de enero de 2016

Refugiados

 
Se hace la noche, miles de promesas navegan mar a dentro con sus vidas a cuestas. 
No miran atrás, huyen de su suerte, dejan las cruzadas. No volverán, la crueldad les espera. 
Valientes víctimas en medio de dos guerras.

Despojados de todo aquello que han creado, embarcados con afán de tripulantes, 
respiran aunque sea un rato las ganas de victoria. Pero esta no pasa por su lado, 
surcan territorio de piratas que dirigen este mundo raro. 

El tiempo lastra sus alas, golpes de océano atizan sus falsas esperanzas.
Restan minutos para poner fin a sus condenas, y todavía no han sido juzgados. 
Sin el mínimo derecho a un último deseo, empapados en incertidumbre y miedo. 

Exhaustos, desisten de su lucha. En un camino eterno de mareas sin más faro que una luz de luna, la hipotermia congela su angustia y los duerme para siempre soñando avistar tierra. 
Allí flota la inocencia de pequeñas almas que solo querían sonreír. Seres destinados al olvido que no imploraban más auxilio que vivir en paz. 

Aquí, nosotros, los inhumanos, no encontramos razones para seguir viviendo. Una negra sombra perseguirá para siempre nuestra existencia, pues no vemos personas, vemos refugiados.  
   
Como decir que llevo días sin dejar de pensar en esto. Que me parte en mil y necesitaba expresarlo. Que me falla el corazón al ponerme en su lugar y pensar que un ser querido tenga que vivir algo así.