Te escribo a ti, porque ahora, bajo el agua, me carcome la posibilidad de que no sea yo. Nadie lo puede prohibir, me imagino como serás, qué sentiré cuando llegue el instante. Y aunque me embisten señales de guerra y ganas de armarme hasta los dientes, recapacito. Hay vidas humanas en juego capaces de cambiar el mundo, mejor es dar por muerta esta crónica suicida a condenar al sufrimiento su existencia.
Confío en que sepas volar para estar a su altura. Te sugiero entrenamiento, que ofrezcas una muestra de tu estima en cualquier momento. No harán falta horas de vuelo para pilotar la situación y llevarla sana y salva a su destino, esa es su especialidad. Tendrás que acolchar bien tu hombro para acomodar sus turbulencias. Tendrás que arreglar sus descosidos suturando sus labios con hilo rojo, formando un beso. Extiende los brazos y rodea su perímetro cada noche. Ganarás terreno y avanzarás, pero ten en cuenta que el objetivo en tu cruzada no es llegar al pericardio, ni hacer ronda en sus latidos. Tu cometido es mantener despejada y limpia su sonrisa. Sin embrujos ni engaños, leal a tus valores de guerrero. De lo demás se ocupará ella, te convertirá en un auténtico espartano.
Te advierto que habrá cosas que lleven su tiempo, pero ocurrirán. Tiene sus propios sueños, no la despiertes. Y si ves que abre los ojos, tararea viento para que no cierre sus alas. No dejes que el tiempo se las lleve. También has de tener coraje para abrir los tuyos cuando suenen alarmas. Despliega sus velas y sopla, habrás conquistado sus ganas de seguir navegando en tus mares por el resto de su vida. Aviva sus deseos y actúa, cueste lo que cueste, en nombre de la justicia, haz lo que debas hacer para que no te olvide. Te aseguro que ella podrá hacerlo contigo, pero tú vivirás para siempre bajo su hechizo. No necesitarás armadura, ella es fuerte y se defiende sola. Solo has de estar dispuesto y preparado para combatir contra la bestia cuando baje la guardia. No necesitarás ser un super-hombre, sino saber tratar a una super-mujer. No has de marcarle el camino, sino caminar a su lado.
Te hablo alzando una bandera blanca y un cuchillo entre las manos. Puedes ser el abanderado de un ejército de zombies, que si provocas el mínimo derrame de su sangre, profanaré todas y cada una de tus tumbas y buscaré el cuerpo a cuerpo. Si por el contrario logras lo que yo no he logrado, dejarás de ser mi rival para ocupar uno de los puntos sobre los que descansan mis signos de admiración. Recuerda, esta no es nuestra batalla, la misión no es superar al enemigo, sino devolver la paz a quien lo daría todo por ti. Hacer que su estrella vuelva a brillar hasta en la Fosa de las Meridianas, la zona más profunda de la corteza terrestre. Te escribo a ti, por si llega el momento, y no soy yo.
Fotografía: Marta.efe
No hay comentarios:
Publicar un comentario