lunes, 20 de febrero de 2017

Ámese quien pueda

Ya han empezado a volar, ya pululan señales de alarma a mi alrededor. Ondean alto pero están ahí, las puedo sentir. Llegan cargadas de esperanza, ese ingrávido pálpito de que algo puede salir bien. Quizá todo se deba a que los veo sonreír en esa reproducción que se ha quedado encajada en la primera fila de mi capacidad retentiva. Detrás, en los últimos asientos, quedan ya los tormentos a los que hoy en día hacemos bullying. Sí, con ellos sí lo debemos permitir, no pueden seguir creciendo. 

El latido se contrae a ritmo de samba. Podría verme en cualquier playa de Copacabana cuando observo que me escribe. Puede que esa luz distinta que retuve sobre ella me haya subido a ese avión. Cruzo el Atlántico en lo que sus dos aves migratorias mudan al color del Océano, sin que mis pies toquen el suelo, como agarrándome a sus alas. Ya la estoy mirando, empieza el baile. Yo que siempre fui un miope para esto del amor, ahora doy palos de ciego. Nunca lo veo venir, hasta que lo tengo tan cerca que no lo puedo soltar. Todo son señales,comienza en braille. 

Alguno de mis personajes vuelve a hacer acto de presencia ahora que avecinan carnavales. Se disfraza de científico loco y me grita una y otra vez: ¡¡no te saldrán las cuentas!! Será lo más probable, llevo media vida con problemas que no resuelvo y los números a cuadros. Ni me planteo formularlo todo, las corrientes son incontrolables. Con o sin resolución, lo mejor es dejar que fluya y que sus plumas me descifren la respuesta. Todas guardan esa tinta roja que nos inyecta vida. Así que bienvenida a casa, pequeña revolución.

Puede que no salga bien, puede que haya perdedores, los hay en todo juego. Pero juguemos. No pongamos reglas, lancemos con la intensidad y el ángulo que cada uno desee. Sírvete de tu parábola favorita o aprovecha tu inocencia y te daré ventaja, te cederé mi refugio. Puedes tirar a dar y caer rozando comisura. Puedes deslizar tu dedo corazón y utilizar ambos para atraparme. No hay estrategia ni patrón. No hay tiempo que marque la cadencia ni agujas que sustraigan viejos temores. Solo ganas de seguir jugando. Puedes elegir hacerlo en prosa o en verso, escoger el universo que te sienta mejor. Aun no te conozco, sería intrépido y divertido. Puede ser el juego de rol más sincero de nuestra era. Será voluntario y, como en todo, podrás salvarte para evitar el desastre. Hagas lo que hagas serás libre. Pase lo que pase, como en cada tragedia, tu salvación está en una única casilla, la de "ámese quien pueda". 

Fotografía: Azul do Atlántico

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