viernes, 30 de diciembre de 2016

Si puedes leerlo, puedes sentirlo

Refúgiate de las redes, apaga el móvil, busca un lugar tranquilo y abierto, respira profundamente y hazte esta pregunta: QUÉ SE SIENTE AL ESTAR VIVO?? tómate todo el tiempo que necesites, es importante, hazlo por ti y para ti, nada más. Os voy a contar qué me he respondido yo. 

Al estar vivo siento que puedo sentir. Siento que puedo estar triste sin motivo alguno, porque no los tengo, pero muchas veces lo estoy, o que puedo sonreír a carcajadas con el monólogo más estúpido. El hecho de percibir latidos en cualquier parte de mi cuerpo hace que pueda disfrutar de ambos momentos. Me permite pensar, a veces pensar es recordar a los que ya no están. Otras, puedo pensar y olvidar al mismo tiempo. Estar vivo me autoriza a elegir seguir queriendo con esa locura socialmente aceptada a la que llamamos amor. Puedo elegir volver a querer como lo hice antes, o puedo no querer dejar de quererla nunca, y solo pensar en volver a verla. 

Solo estando vivo puedo disfrutar de todo lo bueno y lo malo de la vida. De una peli que te absorbe, de un libro que te engulle. De la sensación de meter un gol cuando eres el que siempre cierra atrás en los córner. De ese movimiento inconsciente de cadera que mueve tu cuerpo con un par de ginebras y una canción pegadiza. Del sol irradiando paz en tu cara, o maravillarte con lo grande y bonita que está la luna esta noche. De una hora bajo el agua caliente de la ducha. De cantar, aunque desafines. De bailar en un concierto con el hombre o la mujer de tu vida.   

También puedo sentir como el dolor o el miedo me acompañan allí donde quiera que vaya, incluso pude desear no estar vivo en algún momento. Pero si he llegado a sentir esto es porque lo estoy y he aprendido de ello. Al estar vivo puedo caminar, puedo correr. Correr para alejarme, para despejarme, para sentirme mejor, para avanzar. Correrme y alcanzar el éxtasis, otro placer de la vida que además alivia. Puedo relacionarme, puedo mirarte, tocarte, escucharte y dejar de ser quien era. Puedo cambiar, puedo evolucionar y guardar una parte de quien lo hizo posible para tenerlos siempre presentes. 

El hecho de estar vivo me despierta cada mañana y hace que busque motivos que me den la energía necesaria para dar un salto y ponerme en pie. Y lo hago, pues existen varios. El primero tiene nombre de mujer, Serrat sabía entonces que sería alguien especial. El segundo se viste de propósito a menudo, no de esos propósitos que duran lo que tarda el olvido en recordar las intenciones para año nuevo, sino de esas pretensiones que salen de lo más profundo en los momentos más difíciles. Se trata de mantener unido el amor de cuatro compañeros de viaje, de atar de por vida la felicidad a sus muñecas. El tercero consiste en agradecer estar vivo (al destino, azar, ser celestial, al polvo que lo hizo posible, a mí mismo, qué más da!) y disfrutar de poder abrazar a mi madre, a mis hermanos, a la gente que los hace felices. A quien hizo, hace y hará lo mismo con este desequilibrado que os escribe, en algún momento del camino, y admirarlos a todos. 

Estar vivo me permite leer esto y poder sentir un sin fin de emociones, las que sean, pero lo leo y siento. Siento que estoy vivo y es maravilloso, porque mañana, último día de este año que termina, podré despedirlo mirándolos a ellos a los ojos y brindar por todo esto con un: Feliz Vida mis motivos! 

Y tú, te has respondido? bien, ya estás preparado para para pedir tus deseos de año nuevo.



sábado, 24 de diciembre de 2016

Me hizo falta este diciembre


Con el pasado siempre a cuestas, con el futuro en la cabeza, me hizo falta este diciembre. Me hizo falta esa esterilla en una orilla única, el reflejo de una antorcha en plena noche y el calor de una vela en la mirada. El sonido de las olas al otro lado del mundo, veintiocho grados con estrellas, una cerveza rubia y poca ropa. Me hizo falta aquella playa, veinte días en Tailandia para escapar de mí, de este mundo. Me hizo falta aquel paisaje, sus sonrisas después de los brebajes. El mango sin mangas, la lluvia sin frío. Aquel paseo en moto, en tren o en elefante. Convertirme en caminante para encontrar un rumbo nuevo. 

Me hizo falta pisar otro continente, me hizo falta Asia. Conocer a su gente, invertir en ver mundo, agrandar mi mente y relajar este presente que puede conmigo. Me hizo falta perderme en la selva, navegar entre islas, ver miradas que reservan años de abandono, que ignoran un mundo mejor, que luchan en silencio. Al otro lado las rocas son más altas, la escalada es vertical y, con todo, llegan descalzos a la cima. Por qué iba a yo a preocuparme de no sortear pequeños baches.

Me hizo falta sentirme extraño, cambiar de escenario sin que nada importe. Dejarme llevar para dejar morir alguna pena, distorsionar la brújula que marcaba mi norte y seducirme otra vez.  Me hizo falta acumular morriña, echar de menos a los míos, echarme de menos a mí. Me hizo falta pensar como volver a mirarte y regresar con fuerza a esta soledad. 

Me quedé en aquella playa esa noche de diciembre, mirando aquella antorcha, observando la conexión de la piel entre turistas paseando el amor por la arena. A mi lado deslicé tu nombre y enterré algo más que los dedos. Me hizo falta no entender nada para empezar a entenderlo todo. Me hizo falta volver con ganas de sentarme aquí de nuevo y contarlo todo. Me hizo falta cruzar al otro lado para no volver a ser el mismo, para escribir este punto y final y sonreír.  


viernes, 25 de noviembre de 2016

Tenemos tiempo

Últimamente se me arrugan los dedos pensando en el oro preciado que llamamos tiempo. El agitar del mar de la bañera me insinúa que mi mente fluctúa como el cuerpo varado de un mendigo en la acera del pesar. Me pasa un poco como al mundo, se me agotan los recursos. Es curiosa la comunicación entre ambos, como ser humano que soy, también (me) consumo en exceso.
Me hago viejo asimilando la ignorancia que nos hace capaces de crear sofisticados instrumentos para complicarnos la vida y no entender como todavía existe la violencia machista. Cómo es posible que inventemos algo que puede destruir el mundo pulsando tan solo un botón y no logremos construir una forma de pensar acorde a los tiempos que vuelan. Que alguien me explique como se ha podido enviar un robot a años luz de distancia y que nuestro interior esté cada vez más apagado, o como puede moverse por la luna si nosotros todavía no sabemos caminar por la tierra. Se ha creado algo que nos hace viajar a miles de pies de altura, y nosotros con las ideas y los ánimos por los suelos. Estamos en un proceso de retroceso. Está bien dejarse llevar pero debemos seguir pensando, que no se nos vaya de las manos, este mecanismo de supervivencia nos puede matar. Duda cuanto quieras pero no dejes de actuar. 
Todos tenemos mucho que cambiar y ofrecer. Busca en sus palabras y no en su escote algo que pervierta tu mente. Fíjate bien en su mirada, quizás lance propuestas indecentes que te cambien la vida. Piensa que mañana tendrás que seguir trabajando, no podrás limpiarte con billetes de quinientos, pero cuando se termine el papel tendrás a alguien que te regale su hombro. Serás más rico que cualquiera. Utiliza los brazos y acércate a tu persona favorita, hazlo lento. Rodéala, susúrrale, y balancea ese te quiero hasta cerrar los ojos. 
Hoy se me arrugan los dedos pensando en que soy mucho más pobre desde que no estás. Mi cifra negra de emotividad está por las nubes. Son más de las tres y en la guerra de mi intimidad no asoman banderas de paz. Volveré a mi trinchera y empezaré a disparar, el fuego suicida me ayuda a sentirme mejor.
Superemos esto, tenemos tiempo! 


Fotografía de Marta.Efe

domingo, 20 de noviembre de 2016

Mirémonos!

Todo el mundo tiene un par de ojos únicos en este planeta. Todo se modifica, puedes estar inseguro de ti, todo puede ser incierto en mí. Puede parecer trascendente o insignificante, las palabras vuelan y se olvidan pero los ojos no varían, son pronóstico de verdad. Son nuestra ventana al alma, a un ente que solo tú conoces, que vive en ti, detrás de esa puerta con dos mirillas inigualables. Hay iris que transparentan todo lo que no quieren mostrar, que llevan el mar al desierto más poblado. Cristalinos opacos que no comparten nada y guardan todo bajo llave. Pupilas que solo observan, observan tan fijamente que fulminan los destellos que se atreven a cruzar. Córneas propensas a modificar la curvatura de caderas que viajan de flor en flor. Retinas sensibles a su entorno, con un corazón latente ante todo lo que tocan.
Mi teoría es la del reencuentro, cuando dos pares de ojos paralizan hasta el mismísimo reloj del Big Ben. Entonces el tiempo se dilata, algo surge, se regeneran células, los nervios ópticos no pueden parar de trenzar futuras mariposas, la alteración cardíaca es irreversible, sus puertas tiemblan y ya no volvemos a ser los mismos. No hay ciencia que haya podido demostrar todavía por qué en ese momento, son dos ventrílocuos los que mueven los músculos de la vista diciéndoselo todo en un abrir y cerrar de ojos. A partir de ahí el mundo es más sencillo, no hay muros ni barreras, la felicidad se comparte, mean con la puerta abierta y no hay más necesidad que la de volver a devorarse la mirada. Por este motivo digo siempre que se brinda a los ojos, porque hay quien sigue buscando los suyos. Repito: todo el mundo tiene un par de ojos únicos en este planeta, y yo sigo amaneciendo sin los tuyos. Por este y más empeños, MIRÉMONOS!!                
                                                              Fotografía de Marta.Efe

domingo, 13 de noviembre de 2016

A las conciencias cansadas

Vengo aterrizando desde suelo demasiado profundo para surcar cielo. Silbo al viento y me responde, me acaricia y lo hace frío. Vengo caminando, deportado de la cama, y me reitero, me vienen más de mil motivos para armonizar tu mundo, y el mío. Quizás pueda estimular algo en ti y en mis vuelos. Piensa que somos solo cauce, y tiene que llover para hacer grande nuestro río. Qué bien que llueva! me gusta imaginar que caen sonrisas, para seguir mojado y vivo. Piensa que todo ha de seguir su curso. Si se agota la pila, aviva el fuego de un suspiro. Si la nota no suena, afina esa cuerda floja en la que falla tu equilibrio. Es momento de enfocar todo lo que te mueve el alma, de oler el rastro en el camino, de tocar como nunca habías tocado la satisfacción, de ganar tiempo contigo. Escúchate con atención, te estás hablando, es momento de saltar, elimina todo ese ruido que te impide abrir los ojos. Sé que ahí dentro te sientes seguro, pero no estás a salvo. Sal fuera y mójate! la lluvia descontamina. Sal y muerde al asesino de tus ansias de vivir. Derriba tus muros, algo brilla al final de ese túnel. Ve a ver(te), adéntrate en las luces, pisa la orilla y desahógate en el mar. Sigue soñando para que nada pierda sentido. Disfruta de la canción y concédete ese baile, nuestro mundo seguirá rotando. No hay que aferrarse a ningún plan, mientras tu sangre se dispersa en un enjambre de ideas, pon sombrero a cada esfera, lanza la moneda al aire y respira. Pero sobretodo, salga lo que salga, lucha y congela hasta el abrazo más efímero.



domingo, 16 de octubre de 2016

Interrogantes

Te aterra aterrizar de golpe en una pista abandonada. Dime cómo haces, tú que crees en tu coraza como forma de vida, pero presumes de libertad. Te inquieta aislar tu fortuna en una urna blindada inmune a toda la estupidez humana, para no notarte extraño. Pierdes el tiempo, individuos como tú sienten paz en la tormenta que asola tu calma. 
Eres capaz de convertir todas tus dudas en una religión que cautiva tus ansias de cambiar el mundo de cualquiera. Tienes tu propia ley de la selva, en tu bucle los aullidos terminan arqueando los labios, y la luna sonríe contigo. Percibes plenitud mientras la muerte agoniza, cada vez que se cristalizan tus pupilas y se te eriza la piel. Cómo explicas la agitación interna que ordena tu supervivencia. La apariencia de un ente transparente en un carnaval permanente te hace cómplice y partícipe de cada una de tus líneas. No das la talla como jinete, sin embargo te aferras como nadie a las riendas de tu esencia y no hay frasco que pueda insonorizar todo lo que llevas dentro. De tu reino de despojos relucen obras maestras. Muestras tu realidad en cada intento de emerger de otro ser.
En tu desengaño, has dejado de combatir con los demás para competir contigo mismo. Eres tu propio enemigo, estás loco! Sin más elección que la de pisar algún que otro charco y a pesar de las nubes, sigues viendo el cielo en lo alto de su boca. Por si fuera poco, insistes en recordar al olvido cuando amanecen los días que embriagaban tus enigmas horas atrás. Sueles preguntarte a donde quieres llegar sin haber escuchado antes el pistoletazo de salida. Y es que todos soñamos alguna vez con observarlo todo desde arriba, con la claridad que impide celebrar cada logro, por pequeño que sea. 
Hay un sin fin de interrogantes en cada una de tus historias. Pero el kit de la cuestión no está en ti, sino en tu existencia. Y tú, quien quiera que seas , cómo llevas eso de ser tú mismo?



domingo, 25 de septiembre de 2016

Crítica a mi lucha

Por qué no asumir que escribo a todo lo que temo, que temo pasar sin dejar rastro y no saber como volver, que arrastro el declive de un ser momificado. Ya no cubro heridas, el vendaje de esta momia ha empezado a decaer y los sueños decrecen como lo hacen los días de un otoño reciente.  
Por qué no asumir que me consumo en el tiempo. Las horas que ocupan esta silla me alejan del mundo real, ese espacio vital lleno de gente a la que no comprendo y envidio. Caminan como si no pasara nada, sonríen porque sí, beben sin motivo, vocean himnos y venden gratis su vida para que todos sepan o crean que son felices, que prefieren una foto a una cerveza contigo. 
Por qué no asumir que mi mundo no duerme, no se para, que mi mente me acapara y no me deja vivir. Puede que me ausente pero nunca me fui, y mientras todos ellos bailan, yo sigo aquí, quitándome la piel antes de quitarle a cualquiera la ropa. 
Por qué no asumir que me reconozco triste. No tengo piedad con mis memorias, pero después de cada derrota nadie es el mismo. Suelo pensar que hay momentos en los que crezco y no consigo verme. Ahora aumenta mi nausea en este arrebato de sinceridad, aun así voy a contar que no soy yo, soy la mitad de lo que fui porque existo, pero no es lo mismo sin ti. 
Por qué no asumir en esta crítica a mi lucha, que es inevitable. En este mundo de ideas y latidos a veces siento miedo, con frecuencia no me entiendo. Me veo derrapando en una niebla matinal y allí fuera luce el sol, ya he perdido la cuenta de las veces que pierdo el control. Esta noche más, otra sin café, solo hay algo que alienta y alivia mi ente hasta convertirlo todo en calma. Cuando te imagino pelear y sonreír ahuyentando mi espanto a base de cosquillas. Eso es! la meta es sonreír y mantener el vuelo, la nostalgia es el camino.