Te admiro, a ti, símbolo de lucha y de firmeza. Admiro todos y cada uno de tus logros, tus cuatro creaciones, las confesiones que veintisiete años después liberan tus lastres y encumbran tu ser al trono del reino de los dioses. Y si alguno es real, velará por ti.
Te admiro, a ti. Embalsamaría hasta la más mínima de tus sonrisas, santificaría las manos con las que tanto has luchado. Te concedería el premio novel de la vida. Cedería la mía para volver al pasado.
Te admiro, a ti, tu resistencia, tu amor ciego. Tu reveldía ante el destino, tu resiliencia. Llenaría de pólvora cada llanto encubierto, cada decepción, cada recuerdo crónico, anclado. No bastarían tres vidas para devolver cada proeza, pero he firmado un pacto. Te ofrezco un amor inmortal, incondicional, de infarto.
Te admiro, a ti. Este niño de cristal opaco te debe la vida, la infancia, la juventud, la madurez, su presente y su futuro. Clama justicia por tu bienestar, por la paz en tu mirada, por la fulminación de aquel infierno. Ha vendido su alma al diablo negociando tu orden de alejamiento eterno. No me faltarás nunca.
Te admiro, a ti, porque los cuentos no relatan esta clase de princesas, y tu sigues bailando, leyendo a otras princesas que no te llegan a la planta de tus pasos. Será este el prólogo de tu fábula.
Tal día como hoy, al cual los mercados apodan "día del padre", yo recuerdo ese pacto y te admiro, a ti. Gracias por tanto, madre.
Trajo al mundo a un maravilloso ser humano.
ResponderEliminarSalud y abrazos.
La maravillosa es ella Óscar, yo sigo su estela.
EliminarGracias una vez más!
Abrazos.
Qué bonito Enma 😍
ResponderEliminarMuchas gracias Marta! me alegro de que te haya gustado :)
ResponderEliminarUn beso