domingo, 16 de octubre de 2016

Interrogantes

Te aterra aterrizar de golpe en una pista abandonada. Dime cómo haces, tú que crees en tu coraza como forma de vida, pero presumes de libertad. Te inquieta aislar tu fortuna en una urna blindada inmune a toda la estupidez humana, para no notarte extraño. Pierdes el tiempo, individuos como tú sienten paz en la tormenta que asola tu calma. 
Eres capaz de convertir todas tus dudas en una religión que cautiva tus ansias de cambiar el mundo de cualquiera. Tienes tu propia ley de la selva, en tu bucle los aullidos terminan arqueando los labios, y la luna sonríe contigo. Percibes plenitud mientras la muerte agoniza, cada vez que se cristalizan tus pupilas y se te eriza la piel. Cómo explicas la agitación interna que ordena tu supervivencia. La apariencia de un ente transparente en un carnaval permanente te hace cómplice y partícipe de cada una de tus líneas. No das la talla como jinete, sin embargo te aferras como nadie a las riendas de tu esencia y no hay frasco que pueda insonorizar todo lo que llevas dentro. De tu reino de despojos relucen obras maestras. Muestras tu realidad en cada intento de emerger de otro ser.
En tu desengaño, has dejado de combatir con los demás para competir contigo mismo. Eres tu propio enemigo, estás loco! Sin más elección que la de pisar algún que otro charco y a pesar de las nubes, sigues viendo el cielo en lo alto de su boca. Por si fuera poco, insistes en recordar al olvido cuando amanecen los días que embriagaban tus enigmas horas atrás. Sueles preguntarte a donde quieres llegar sin haber escuchado antes el pistoletazo de salida. Y es que todos soñamos alguna vez con observarlo todo desde arriba, con la claridad que impide celebrar cada logro, por pequeño que sea. 
Hay un sin fin de interrogantes en cada una de tus historias. Pero el kit de la cuestión no está en ti, sino en tu existencia. Y tú, quien quiera que seas , cómo llevas eso de ser tú mismo?



domingo, 25 de septiembre de 2016

Crítica a mi lucha

Por qué no asumir que escribo a todo lo que temo, que temo pasar sin dejar rastro y no saber como volver, que arrastro el declive de un ser momificado. Ya no cubro heridas, el vendaje de esta momia ha empezado a decaer y los sueños decrecen como lo hacen los días de un otoño reciente.  
Por qué no asumir que me consumo en el tiempo. Las horas que ocupan esta silla me alejan del mundo real, ese espacio vital lleno de gente a la que no comprendo y envidio. Caminan como si no pasara nada, sonríen porque sí, beben sin motivo, vocean himnos y venden gratis su vida para que todos sepan o crean que son felices, que prefieren una foto a una cerveza contigo. 
Por qué no asumir que mi mundo no duerme, no se para, que mi mente me acapara y no me deja vivir. Puede que me ausente pero nunca me fui, y mientras todos ellos bailan, yo sigo aquí, quitándome la piel antes de quitarle a cualquiera la ropa. 
Por qué no asumir que me reconozco triste. No tengo piedad con mis memorias, pero después de cada derrota nadie es el mismo. Suelo pensar que hay momentos en los que crezco y no consigo verme. Ahora aumenta mi nausea en este arrebato de sinceridad, aun así voy a contar que no soy yo, soy la mitad de lo que fui porque existo, pero no es lo mismo sin ti. 
Por qué no asumir en esta crítica a mi lucha, que es inevitable. En este mundo de ideas y latidos a veces siento miedo, con frecuencia no me entiendo. Me veo derrapando en una niebla matinal y allí fuera luce el sol, ya he perdido la cuenta de las veces que pierdo el control. Esta noche más, otra sin café, solo hay algo que alienta y alivia mi ente hasta convertirlo todo en calma. Cuando te imagino pelear y sonreír ahuyentando mi espanto a base de cosquillas. Eso es! la meta es sonreír y mantener el vuelo, la nostalgia es el camino. 








lunes, 25 de julio de 2016

Lo mejor que pude hacer

Conocí una vez a una mujer que presumía de ser como el resto. Tenía tanto talento que cambió mi vida con solo tres letras. No era consciente de todo lo que provocaba en quien se acercaba. No se imagina lo alto que me ha hecho llegar y lo bien que he respirado allí arriba. Derretía hasta el más sólido argumento, y lo hacía sin ganas, sin señas, solo miraba. Miraba tan hondo que calaba de ternura y seguridad tu alma. Cuando sonreía todo era verdad, achinaba los ojos y un halo de luz proveniente de toda la paz que emanaba, iluminaba los tormentos de todo un patio de vecinos. Cegaba el camino de este trapecista que pisaba inseguro la línea de un presente incierto y lo hacía entonar el himno de la alegría.

Conocí una vez a una mujer que tenía la capacidad de pisar tierra y hacer volar al resto. Que tenía mis palabras en su boca sin hacer siquiera un gesto. A su lado el tiempo apuraba el paso, a su lado la lluvia no mojaba, perfumaba todo espacio. Cuando abrazaba, los planetas se alineaban, los cometas asaltaban la ventana, fulminaba la vida de todo marcapasos con solo acercar el pecho. Destruía toda derrota, y yo, vencido hasta las trancas, tan solo pensaba en combatir hasta la muerte en su guerra.

Conocí una vez a una mujer con el arte de prender a un fugitivo que aprendió tanto a su lado, que no quiso escapar nunca de sus ruinas. Que tuteaba a mis miedos, que tanteaba mis penas y saltaba conmigo destellando el vacío. Me basta con saber que todo lo que supe de ella ha sido suficiente para cambiar la historia.

Conocí una vez a una mujer que tiene motivos de sobra para ser feliz, se tiene a ella. Las personas así no merecen malgastar su magia en seres tan sumidos en las profundidades de su ombligo que terminan olvidando que ahí empieza el olvido. Conocí una vez a una mujer a la que quizás algún día merezca. Lo mejor que pude hacer, fue conocerla.


domingo, 24 de abril de 2016

Benditos domingos

Tengo ganas de matar una de mis vidas. Quiero olvidar o morir, quiero nacer de nuevo, empezar otra partida en este juego. El problema es que odio la Play, así que me quedo. Seguiré aquí, desarmado, improvisando a ciegas este tránsito, más desconocido que nunca, con la mudanza a medias, con el piso a la mitad. Y es que a veces, la existencia duele, amarga, qué fuerte late a veces. 
Estoy pensando que debo quemar mis alas, dejar de soñar utopías y empezar a besar tierra, aunque no sea firme. A la mierda la poesía, debería pasear los domingos, quedar para ver el partido de las seis, buscar aficiones que calmen los miedos y ser feliz con todo ello. 
Pero sería un ser en permanente sequía. En realidad deseo saltar los días de seis en seis, por esto de encarar a mis demonios de una vez por todas. Quisiera abrir los ojos cada domingo, por eso bebo los sábados, para perfilar mis abismos. Sé que soy un masoca emocional, pero elijo el dolor y el silencio ante la nada y el ruido. Es así como se embriagan mis ojos, es esta soledad mi manera de seguir vivo.
De todas formas, sigo sin saber por qué en esta banda sonora de luces y sombras, el invierno dura más de una estación. Supongo que, al fin y al cabo, la vida es como un vals, puedo apreciarla solo, pero para bailarla necesito otra mitad. Es tan simple como saber que no te necesito, pero te quiero a mi lado. 
Si hay algo que se me da bien es trasnochar, pero en este puto mundo madrugar está sobrevalorado. He de ir a dormir, espero que mañana, al despertar, vuelva a ser domingo. 




domingo, 17 de abril de 2016

Es la hora

Es la hora, este barco zarpa, riguroso cual tren de cercanías. Y él, impuntual como siempre, titubea en este loco anochecer entre subir a bordo a sabiendas de lo frágil del camino, conocedor del temporal, y perder otro vuelo de polillas estudiando los rumores que mantienen la flota amarrada a puerto. 
Es la hora, este barco ha empezado a moverse. Llega, piensa en el abordaje y se balancea. Viste piel de kamikaze, se la va a jugar. Va a saltar evocando las predicciones de las líneas de tu mano. Va a ser mortal.
Es la hora. A la deriva va este barco, a ciegas, esta ruta. Con rumbo inseguro, colindando la porción indefinida de un ángulo propio, agudo triángulo de las bermudas. Allí donde todo desaparece, de donde nadie ha conseguido salir. Tampoco él, que siempre ha creído que hay que tener un buen par de principios y la valentía suficiente para volver a fallar y seguir siendo un don alguien. Obtuso de si.
Es la hora, este barco traga agua. No se hunde, se derrite, se consume. No hay equipo de rescate, no hay chaleco salvavidas, se aferra a sus recuerdos para mantenerse a flote. Su percepción del tiempo se desvanece, cree llevar toda una vida calado.  Este náufrago ha perdido mucha tinta, y no hay botella, no hay mensaje. Un enfermizo pensamiento duda de su existencia después de tu olvido. Perece. 
Es la hora, pero espera. Parece que le queda una bengala, quizá estés cerca hoy que se acerca el final. Una vez más, la marcha atrás evitará otra vida con su muerte. Entonces te imagina sonreír, como cuando te besaba los párpados. Dulce consuelo en esta, su última velada de duelo. Ahora que ha llegado la hora, el fin justifica sus miedos. 


domingo, 3 de abril de 2016

Razones para temblar

En un despiece horizontal uno obtiene conclusiones inconexas que conectan terminaciones nerviosas que duelen. Llega un momento en que te das cuenta de que se te fue la mano con la medicación. De que has sido un ente inconsciente que ha estado jugando en el filo de un puñal que ha herido al amor de gravedad. De que todo aquello que te aislaba de una polución que te hacía picar los ojos, no ha evitado la propagación de un virus letal al cual no has sabido encontrar cura. Y ahora que la cuarentena es absurda, que gracias a ella llegarás solo a los cuarenta, te preguntas por qué no has hincado el diente a su sinceridad. Por qué has abandonado el cuaderno de viajes en aquella estantería. Hoy reconoces el sabor del mar en la superficie de un semblante triste y vuelve a arrollar la lluvia, en la calle también. Ahora solo vives, duermes solo, te follas solo, has empezado a hablar solo. Ahora fumas tinta, escribes humo, bebes zumo de almidón de una almohada abandonada que preserva su calor. Con la mirada fija en la nada cuestionas la claridad de todo aquello que creías correcto. Meditas, pero tu mantra ya no arropa el frío de estas aguas pantanosas. Una plaga de dudas tumba tus murallas, te sumerges en las ascuas que han dejado la tragedia y soplas, soplas con todas tus fuerzas intentando avivar esa esquina en la que se ha parado el tiempo. Un perímetro de seguridad repleto de incertidumbre. Y todo, por un puñado de versos. Ahora todo se estremece porque hay razones para temblar. 



sábado, 19 de marzo de 2016

Te admiro, a ti.

Te admiro, a ti, símbolo de lucha y de firmeza. Admiro todos y cada uno de tus logros, tus cuatro creaciones, las confesiones que veintisiete años después liberan tus lastres y encumbran tu ser al trono del reino de los dioses. Y si alguno es real, velará por ti. 
Te admiro, a ti. Embalsamaría hasta la más mínima de tus sonrisas, santificaría las manos con las que tanto has luchado. Te concedería el premio novel de la vida. Cedería la mía para volver al pasado. 
Te admiro, a ti, tu resistencia, tu amor ciego. Tu reveldía ante el destino, tu resiliencia. Llenaría de pólvora cada llanto encubierto, cada decepción, cada recuerdo crónico, anclado. No bastarían tres vidas para devolver cada proeza, pero he firmado un pacto. Te ofrezco un amor inmortal, incondicional, de infarto. 
Te admiro, a ti. Este niño de cristal opaco te debe la vida, la infancia, la juventud, la madurez, su presente y su futuro. Clama justicia por tu bienestar, por la paz en tu mirada, por la fulminación de aquel infierno. Ha vendido su alma al diablo negociando tu orden de alejamiento eterno. No me faltarás nunca.  
Te admiro, a ti, porque los cuentos no relatan esta clase de princesas, y tu sigues bailando, leyendo a otras princesas que no te llegan a la planta de tus pasos. Será este el prólogo de tu fábula. 

Tal día como hoy, al cual los mercados apodan "día del padre", yo recuerdo ese pacto y te admiro, a ti. Gracias por tanto, madre.